La nueva evolución del cronógrafo más emblemático

Lejos de las tendencias, Rolex impone sus propias leyes en las nuevas versiones del infalible Oyster Perpetual Cosmograph Daytona que por primera vez está equipado con el cómodo y resistente brazalete Oysterflex
Rolex Cosmograph Daytona
El Oyster Perpetual Cosmograph Daytona de 2017 con caja de oro amarillo y brazalete Oysterflex con láminas metálicas que le aportan la resistencia de un brazalete de acero y recubrimiento de elastómero más confortable que los eslabones metálicos.
24/07/2017
14:40
Carlos Alonso
Ciudad de México
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El Oyster Perpetual Cosmograph Daytona, el más emblemático de los cronógrafos contemporáneos, ha sido el profesional de Rolex que más variaciones ha experimentado desde su presentación. Incluso su nombre sabe de mutaciones.

El primer Rolex denominado Cosmograph se fabricó entre 1950 y 1953 y poco tenía que ver con un totalizador de tiempos parciales. Se trataba de un modelo con disco de fases lunares sobre fondo azul que recordaba al cosmos.

Posteriormente, ya en su formato de cronógrafo Ref. 6239, mutó en un Yacht-Master producido en pequeñas cantidades para el mercado inglés con cuenta regresiva de regatas sobre el totalizador de los minutos.

Pero su andadura definitiva comenzó en 1963 en plena era de los relojes de alto rendimiento.

Debutó en versión de acero de 37 milímetros y fue incorporando cambios progresivos tanto técnicos como estéticos: pulsadores arroscados (1965); primera versión en oro (1969); su resistencia al agua pasó de 50 metros a los 100 metros definitivos (1971); una caja más amplia de 40 milímetros y la escala taquimétrica del bisel con 400 unidades (1988); diferentes calibres hasta llegar al 4130 íntegramente desarrollado por Rolex con el 60 por ciento menos de componentes que sus antecesores (2000) y la incorporación del bisel Cerachrom (2011) muy apropiado para un deportivo de amplia exposición a los impactos.

La versión 2017 mantiene el bisel negro como guiño de complicidad con el primer modelo en ese color de 1965, en aquel entonces con ese componente hecho en plexiglas. Ahora la cerámica propia de Rolex no sólo ofrece resistencia a las rayaduras sino que no pierde el color con los años por los efectos de los rayos UV. En el modelo que presentamos aquí, las incisiones del bisel son de oro amarillo en lugar del platino más frecuente en los biseles Cerachrom monobloque.

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Además, este año adopta por primera vez un aliado conveniente en la fijación al brazo para un reloj que nació para ser un instrumento de carreras: el brazalete Oysterflex. Y ya saben que Rolex no hace nada porque sea tendencia.

Su brazalete extensible original de elastómero no es un aditamento convencional. El ‘Oyster-flexible’ es un híbrido con lo mejor de dos mundos. Está integrado por láminas metálicas que le aportan la resistencia de un brazalete de acero. El recubrimiento es de elastómero impermeable al agua y al sudor, y más confortable que los eslabones metálicos.

La marca ha presentado tres declinaciones esta temporada: oro amarillo, oro blanco u oro Everose de 18 quilates con la carátula y la caja monocromáticas, todas con el mencionado brazalete Oysterflex.

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La caja mantiene las credenciales de los Cosmograph Daytona de última generación. Asimismo, las pruebas de regularidad de marcha siguen obedeciendo a la denominación Superlative Chronometer (Cronómetro Superlativo) que Rolex amplió en 2015. Ahora, además del certificado de cronomometría COSC, se le aplica al reloj completo una prueba in-house adicional para reducir a la mitad las desviaciones de marcha permitidas (-2/+2 segs. por día).

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