Ericka sueña con respeto para la comunidad trans

La arquitecta es finalista del concurso Miss Trans 2017; acusa que la violencia en las calles es mayor contra ese sector
Ericka decidió abandonar Toluca para irse a vivir a la Ciudad de México, donde concluyó sus estudios con la ayuda de sus ganancias como cultora de belleza, oficio que aprendió a desarrollar para solventar sus gastos (JORGE ALVARADO)
25/03/2017
01:13
Jorge Alvarado
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E ricka Miranda trabajó como escultora de belleza para poder pagar su carrera de arquitectura. Hoy, esta mujer trans, sueña con lograr que en el país y en Latinoamérica los derechos humanos de la comunidad a la que pertenece sean reconocidos.

Ericka es representante del Estado de México en el concurso Miss Trans 2017, que se realizará el próximo 8 de abril en la ciudad de Monterrey, Nuevo León, Es finalista y quiere ganar.

Desde temprana edad, la también activista de la Red Mexicana de Mujeres Trans y conocida como Miranda Prent, descubrió que por característica en su conducta era blanco de burlas.

“Ahorraba de mis domingos para comprarme Barbies en el tianguis, jugaba a escondidas y muchas veces me prohibieron usar ropa o juguetes que no fueran para niños”, relata.

Más tarde, en la adolescencia, dice, tuvo su despertar de identidad sexual. “Pero no, era eso lo que yo sentía, no es que sólo me gustaran los hombres, yo soy una mujer desde que nací, pero había algo erróneo en el estuche que me almacena”.

La mujer trans narra que cuando entró a la etapa para decidir sobre su futuro profesional se inscribió en una universidad en el Estado de México. La carrera era Arquitectura.

Sin embargo, comenta, sus modales femeninos la obligaron a desertar. “Se burlaban de mí, por más que yo pretendía ser masculino y ocultar mi identidad, el asunto estaba en la raíz, yo era una mujer. Soy esa mujer completamente”, insiste mientras se maquilla frente a un espejo.

Ericka Miranda, quien participará en el concurso de belleza, cuenta que por ello decidió dejar la ciudad de Toluca pues, afirma, no había oportunidades para seguir sus estudios ni para trabajar y “mucho menos” por la orientación que sentía. “Una amiga con la que vendía dulces en la calle me fue orientando, me explicó que si lo que me gustaba era vestir como mujer, debía intentar comprar ropa menos varonil, blusas más escotadas y con el tiempo arriesgarme al cambio”.

Para vencer las barreras que, considera, tenía para realizarse plenamente como una mujer decidió trasladarse a la Ciudad de México.

Fue en la capital del país donde concluyó sus estudios de arquitectura gracias a la ganancias que obtuvo cuando trabajó como cultora de belleza, oficio que aprendió, dice, para sobrevivir.

“Primero me fui creyendo que era una ciudad gay friendly, es decir, que habría espacio para otra trans más. Falso, me di cuenta que la propia comunidad es sumamente egoísta, incluso me percaté de la ignorancia de cada uno, porque buscaba mi transición, pero nadie sabía orientarme”.

Conoció a su madrina. “Me alimentó, me salvó la vida”, y al mismo tiempo, recuerda, ingresó a la Clínica Condesa de la Ciudad de México, donde le brindaron servicios de salud integrales: desde hormonales hasta médicos, sicológicos y otros para cambiar su cuerpo al de la mujer que, asegura, siempre fue.

“Dejé de tomar las hormonas que forman parte del tratamiento para la transición de sexo porque me di cuenta que cada vez era más débil ante mis victimarios, la sociedad, mis parejas, mis compañeras transgénero, y la vida misma”, narra la mujer de casi 1.73 metros de estatura y con facciones finas.

Comenta que con el tiempo obtuvo el cambio sexogenérico y hoy está ante el Registro Civil como una mujer totalmente. Pero el problema no acabó ahí, ya que no consiguió trabajo como arquitecta. Al identificar que era trans, la despedían. Incluso, en la red social Facebook le obligó a especificar que es transgénero, “no mujer, y con ello salieron casi 200 de sus seguidores, pero aumentaron las invitaciones sexuales, los insultos y las agresiones”.

“Una no puede vivir así, ser trans no significa ser una persona que sólo busca problemas, drogas o sexo, puedo perfectamente entablar una conversación igual que cualquiera, no por ser trans soy menos capaz de socializar”, y el camino es aún más largo, dice, pues si bien ella entró en el grupo de ciudadanos que recibieron el cambio de documentación en la Ciudad de México, ahora el proceso es de nueva cuenta complejo, tedioso, burocrático.

“No hay ginecólogos, proctólogos, ni mucho menos asistencia médica sencilla. Si eres trans te relegan, tienes Seguro Popular, pero no cubre la totalidad de las necesidades de una mujer en transición y la violencia es cada vez mayor en las calles”.

Si bien, Veracruz es el estado con más integrantes de dicha comunidad, en el Estado de México, comenta, no están tipificados los transfeminicidios ni los crímenes de odio, que cada vez, acusa, son más numerosos.

“Lo que nos queda es trabajar como prestadoras de servicios sexuales, y muchas veces los gobiernos nos recluyen a zonas de riesgo, donde hay posibilidades de que nos extorsionen, violen o golpeen, son espacios donde pocas veces estamos seguras y no creo que sea justo tener la quinta parte de las posibilidades para acceder a un empleo bien remunerado en comparación con un hombre, una mujer o un gay”.

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