Una vez terminada la actuación, el público dedicó una gran ovación a Smith. "Cuando tomé asiento, sentí el humillante aguijón del fracaso, pero también la extraña conciencia de que, de alguna manera, había entrado y realmente vivido el mundo de la letra" de la canción.

En su texto, la cantante señala que desde que decidió cantar el tema de Dylan, dedicó cada momento libre a estar segura de que "sabía todos los versos", pues quería interpretarla "exactamente como fue escrita y todo lo bien" que ella "era capaz de hacerlo".

Esa mañana la cantante se despertó con "un poco de ansiedad" y cuando llegó a la Sala de Conciertos de Estocolmo, donde se celebra la ceremonia, era consciente de que todo el mundo estaba deseando ver su actuación. "Todo estaba delante de mí", escribe.

Sonaron los primeros acordes del tema y "me escuché a mí misma cantando. El primer verso fue pasable, un poco inestable, pero estaba segura de que me calmaría -rememora-. Sin embargo me vi invadida por una multitud de emociones, que se abalanzaban con tanta intensidad, que fui incapaz de negociar con ellas".

Mientras Smith seguía cantando, por el rabillo del ojo podía ver las cámaras de televisión y "a todos los dignatarios en el escenario y a la gente detrás".

"Desacostumbrada a un estado de nervios tan apabullante, fui incapaz de continuar. No me había olvidado de la letra, que es ya una parte de mí. Sencillamente fui incapaz de dejarla salir".

Smith reconoce que ese "extraño fenómeno" no se redujo, ni se disipó. "Se quedó cruelmente dentro de mí. Me vi obligada a parar, a pedir perdón y entonces volver a intentarlo, mientras seguía en ese estado y canté con todo mi ser".

"A Hard Rain's A-Gonna Fall" son casi siete minutos de canción con una complicada letra compuesta por Dylan en 1963, y plagada de inquietantes visiones. "Vi a un recién nacido rodeado de lobos / vi una autopista de diamantes por la que no iba nadie / vi una rama negra goteando aún sangre fresca".

sc

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