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Renovar consejerías en el INE

Yuri G. Beltrán

Para Ripley. A cuatro horas de iniciada la jornada electoral en República Dominicana para presidencias municipales, la autoridad comicial anunció la cancelación de las elecciones. Una enorme proporción de urnas electrónicas tenía mal cargadas las candidaturas, así que los votantes no tenían el menú completo. Los costos de repetir la elección serán millonarios. Más grandes serán las consecuencias en términos de pérdida de confianza hacia las instituciones.

¿Cómo llegaron a ese punto? No hubo controles de calidad en cada etapa del proceso. No se auditó el proceso de carga de las boletas, ni se hicieron simulacros totales de la elección electrónica. Ni siquiera se prendieron las alarmas cuando en días previos se advirtieron posibles errores. La conclusión es inevitable. Los órganos electorales deben garantizar solvencia técnica en todos los servicios que ofrecen. Coordinar una elección nacional requiere formación, habilidades y experiencia. No basta la neutralidad del árbitro. El caso dominicano ilustra las razones por las que en la renovación del INE no basta el consenso partidario, ni mucho menos el voto de las mayorías parlamentarias. El aval de los actores políticos es deseable y necesario, pero no es suficiente.

Colombia designó Registrador Nacional a la persona que obtuvo mayor puntuación en un examen en el que participaron cientos de aspirantes. Perú arrancó también un concurso basado en méritos y conocimientos para decidir quién será el titular de su institución que administra elecciones.

La Ley electoral mexicana es híbrida. Un grupo de personas expertas debe evaluar las capacidades técnicas de quienes busquen ocupar una Consejería Electoral y, con ello, integrar quintetas. El Congreso decidirá a partir de esas listas acotadas. En la práctica el mecanismo ha funcionado parcialmente bien. Ha servido como filtro, evitando que pudiera llegar al INE alguien sin conocimientos en materia comicial. Lamentablemente, en ocasiones anteriores también llegaron a las quintetas los “políticamente favoritos”, independientemente del lugar que hubieren ocupado en los exámenes de selección previos. El nuevo proceso de selección de consejerías puede romper esa inercia. Parte de una convocatoria avalada por todos los partidos políticos y donde no imperará el amiguismo ni el cuotismo. Hay en el Comité Técnico perfiles de enorme prestigio.

Preocupan dos datos. Por un lado, la omisión en la convocatoria de la palabra “examen”. ¿Se tiene previsto algún otro método? Difícilmente se encontrará un instrumento más parejo y revelador, de ahí su utilización generalizada en universidades y servicios civiles de carrera en el mundo. De mantenerse la prueba, ayudaría mucho al proceso que se tomen salvaguardas para mantener en secrecía absoluta los reactivos. Por otra parte, resulta curioso que los criterios de evaluación vayan a ser acordados por el Congreso hasta el mes de marzo, es decir cerrado el registro de aspirantes. Ayuda a la certeza que los participantes de cualquier competencia conozcan de antemano el parámetro con que serán evaluados.

Están dadas las condiciones para una renovación de consejerías ejemplar. Es necesario que lleguen al INE mujeres y hombres con gran solvencia técnica, probada imparcialidad y que cuenten con el mayor consenso posible entre los partidos. Ojalá que los instrumentos de evaluación que disponga el Comité le permitan evaluar esas capacidades, al tiempo que se detecten cadenas de subordinación respecto de partidos, gobiernos o poderes fácticos. La independencia del INE es un imperativo.

La democracia mexicana enfrenta riesgos de buen tamaño. La incorporación de cuatro perfiles ejemplares al INE dará enorme dinamismo a esa autoridad para enfrentarlos con éxito. Tenemos una nueva oportunidad.

Consejero del Instituto Electoral de la Ciudad
de México. @yuribeltran

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