Imagina que tu vida sea un libro, o mejor dicho, que toda tu vida se convierta en un libro y cada acontecimiento en ella, sería un capítulo del libro, de tu vida, ¿cuántas frases célebres habría? ¿Cuántas enseñanzas dejarías? Y sobre todo ¿Cuál sería el diálogo con tu lector?

¿Nunca se han hecho estas preguntas? O ¿de verdad si soy el único loco? Cuando estamos en una librería y no conocemos ni el título ni el autor, primero nos vamos por la portada, después por la contraportada, si podemos abrimos unas cuantas páginas y podemos leer algunas líneas, de esta manera podríamos decidir si es atractivo o no para nosotros dicho libro, y si logró llamar nuestra atención, decidimos si lo compramos o no; sí de esa forma tomaran nuestra obra ¿nuestra vida sería atractiva como para ser leída? Y para contestar esta última pregunta, tal vez la tendríamos que replantear ¿mi vida me gusta como la estoy escribiendo?

En esta metáfora de nuestra vida, nosotros somos los autores, elegimos nuestros dramas, nuestras aventuras y sobre todo la importancia que le damos a los personajes que en ella están, yo asumí que el libro es una novela, pero puede ser un cuento, un ensayo, lo que es importante recordar que no se puede borrar, es una obra escrita a mano, con nuestro puño y letra, y además con tinta imborrable, pero eso no significa que no se pueda ir corrigiendo conforme se va desenvolviendo la historia.

Antes de pensar en si nos leerán o no, debemos de pensar si lo que leemos nosotros nos gusta, si los personajes tienen la dimensión correcta o de pronto algunos de ellos empiezan a apoderarse de nuestra historia, es sustancial que estemos consientes que el protagonismo es nuestro y de nadie más, nadie nos puede robar nuestra historia, podemos compartir gran parte de ella con personas importantes para nosotros, pero sigue siendo nuestra historia, eso no lo debemos de olvidar.

Tenemos que estar siempre enfocados en que es lo que queremos leer para nosotros, sí nuestras líneas nos inspiran, sí nuestras frases nos gustan, sí nuestras aventuras nos atraen, todo esto debemos de pensar y si algo no es así entonces modificarlo, nosotros somos los portadores de la pluma que escribe nuestra historia, y nosotros somos quienes elegimos, salvo muchas cosas que no están en nuestras manos escribir, pero podemos hacer con ellas giros interesantes dentro de nuestro libro de la vida.

Lo más interesante de este libro, es que no sabemos la gran mayoría en que momento acabará, y aunque algunos lo saben, podría alargarse o acortarse más de lo anunciado, sin embargo nosotros decidimos cuando dejamos de escribir, cuando dejamos de ser los autores de nuestra existencia y le damos a otros la responsabilidad de que sean ellos quienes escriban por nosotros. Solo nosotros elegimos el nivel de aventura, suspenso, acción, drama, comedia o inspiración que queremos leer en nuestras líneas. Y tú ¿qué quieres que leamos de ti? O mejor aún, ¿qué líneas quieres escribir de ti?

Hoy se celebra el día internacional del libro, y coincide la fecha en los días que “murieron” grandes autores como Cervantes, Shakespeare, entre otros, yo no sé ustedes, pero yo difiero, que un autor logre morir. Se dice que las personas realmente mueren cuando nos empezamos a olvidar de ellas, y Shakespeare nos sigue inspirando con sus “Trabajos de amor perdidos”. El Quijote nos sigue incitando a que combatamos a esos molinos de viento; que son la ignorancia, el odio y la maldad. Las grandes obras son escritas para la eternidad, podemos o no aspirar a ese nivel de libros a través de lo que nosotros escribimos con nuestras acciones, con nuestras vidas. Podemos escribir para trascender en las personas que nos rodean y son importantes para nosotros, para que nos recuerden por los corazones que conmovimos a través de nuestra historia, nuestra vida, nuestro libro.

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