¿Recuerdas aquel viaje, de algunas vacaciones que hayas realizado? Al principio lo planeamos con emoción y ya cuando faltan unos días para partir al destino, preparamos nuestra maleta; compramos lo que nos hace falta, lo que consideramos que vamos a necesitar, o si ya tenemos todo, empezamos a buscarlo y lo guardamos en la maleta, ya que está preparada con todo lo que pretendemos llevar ¡Vamos contentos con ella! ¡Viajamos con ella! Cuando por fin llegamos al hotel o al lugar donde nos vayamos a hospedar, ponemos la maleta sobre la cama, la abrimos, y todo, absolutamente todo lo que le echamos en nuestra casa, estará ahí, todo lo que hayamos olvidado, simplemente no hay forma de que milagrosamente aparezca. En la maleta estará únicamente lo que hayamos acomodado en ella.

De la misma manera sucede con nuestro presente, no podremos sacar nada en él, que no hayamos echado anteriormente; nuestra educación, nuestra preparación, nuestra experiencia, todo; somos de alguna manera la síntesis de lo vivido.

En muchas ocasiones esa maleta no la preparamos solos, no somos nosotros los que metemos o acomodamos las cosas en ella, dejamos que alguien más la prepare, es ahí donde entran nuestros padres, todo lo que nos enseñaron a través de su ejemplo, nuestros maestros, o las personas que representan una influencia para nosotros, todo lo que vimos en nuestro entorno, la mayoría de las ocasiones lo que elegimos, está predispuesto por lo que hay.

Por ello me gusta mucho una canción de Zoe que se llama “Brillas”, en su primera línea menciona: “nos dimos todo lo que se nos dio”; porque es exactamente como la maleta, solo sacaremos lo que en algún momento fue colocado, no esperemos obtener de ella algo que no hayamos guardado.

Lo mismo ocurre en nuestra vida, solo manifestaremos lo aprendido, lo que vimos, lo que hay, lo que el entorno nos ofreció, pero sobre todo lo que decidimos hacer con todo eso que se nos presentó.

No podemos siempre justificarnos en ello, y pensar que lo que nos dieron todas esas personas es lo que recibieron también, lo que nos enseñaron es lo que había en ellos. Es cuando entran en nosotros los frenos emocionales: la reflexión y el análisis; solo a través del razonamiento es como podremos elegir que llevamos y sobre todo que debemos sacar de esa maleta ¿qué queremos dejar de llevar en ella? porque esa es, la maleta del viaje más importante en el cual nos embarcaremos: la vida misma, lo que hayamos guardado en nuestro pasado, es lo que usamos en el presente y sin duda alguna volverá a surgir en el futuro.

Es importante revisarla siempre que la llevemos, para cerciorarnos que en ella se encuentre solo lo que queremos, lo que necesitamos, lo que nosotros hemos elegido; es nuestra compañera de viaje, solo de esa forma podríamos decir que ¡No! “no damos solo lo que se nos dio”, sino que damos solo lo que nosotros elegimos dar de forma consciente… Entonces ¿Ya sabes que le echaras a tu maleta?

Recuerda que no es una tarea sencilla, el detenernos, bajar la maleta, abrirla y revisar con cuidado, lo que sirve y lo que no, que me queda y que ya no me va ¿Qué estará ya caducado? porque lo que en su momento sirvió en el pasado, no significa que seguirá funcionando de la misma manera en el presente.

Al final todos realizamos este viaje de la vida, y cargamos con nuestra maleta, ¿A ti que te gustaría llevar en ella? ¿Lo que llevas te lo echaron o tú decidiste llevarlo? Revisa bien, para que no cargues con lo que no necesitas.

 

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