Cuando nos disponemos a dar un regalo, pensamos primero en la persona que se lo daremos: sus gustos, sus características, sus tallas si es el caso, en fin nos enfocamos en la persona, en función de lo que consideramos agradable para poder regalarle y que la persona lo aprecie, use, le gusté, se lo ponga o lo deguste según sea el caso. Después empezamos a buscar eso que sabemos que le encantará, vamos a las tiendas a buscar, si tenemos la idea, pues vamos a los puntos específicos, o si queremos darnos una idea y esperamos que el destino nos ilumine, ya que lo encontramos lo compramos, o depende de nuestro tiempo y creatividad podemos también tomar la opción de hacerlo con nuestras propias manos, ya una vez realizada la compra o lo que hayamos hecho. Buscamos en que lo envolveremos de una forma que se vea encantador y admirable ese regalo, y que cuando lo vea esa persona querida, se sorprenda, cuando lo tenga en sus manos se emocione que le guste o simplemente sonría a veces con ver su cara de felicidad nos es suficiente.

Ya que damos el regalo, ¡nos emociona! la reacción de la persona; pero si por alguna circunstancia después de unas semanas o al mes, vamos a la casa de a quien le dimos el regalo, y lo vemos sin abrir, y prácticamente intocable, sentimos una gran frustración, coraje, tristeza, en fin una amalgama de sentimientos encontrados no tan positivos, por todo lo que hicimos y ni siquiera lo ha abierto.

Fuimos nosotros quienes hemos recibido el regalo y no lo abrimos ¿no? ¿Y tu vida, ya la abriste, ya te la pusiste, ya la estás disfrutando? Si la respuesta es si, que bien, si es no, entonces ¿qué esperas?

Depende de nosotros hacia donde vamos y que haremos con esta vida que tenemos. Insisto ya la tenemos, así que en nosotros está si le sacamos todo provecho posible, no sabemos que hay después de ella, y creo firmemente que todo se resume en una pregunta final ¿qué tan bien disfruté de mi regalo? ¿Qué tanto lo use?

Tal vez hablo de regalo porque mañana 27 es mi cumpleaños, hay una carta que me escribí hace tiempo y que ahora les quiero regalar a ustedes mis estimados y estimadas lectores:

En ocasiones me veo y no suelo reconocerme, cierro los ojos, ajusto mi mente y cuando los abro me ubico en el presente, me coloco frente al espejo y me miro fijamente, en ocasiones me sorprendo, a veces me cuesta trabajo reconocerme y poder definirme, algo tan simple como decir: esto soy. Aun en contra de todos los obstáculos e impedimentos, en contra de todos los pronósticos y predicciones, en contra de mucha gente, incluso a veces a pesar de mí, esto soy; mi propio resultado, yo soy mi propia cosecha, soy lo que hoy vivo y elijo vivir, lo que siento, lo que tengo, mi felicidad, mi orgullo, mi carácter, mi personalidad, pero también mis, tristezas, llantos, penas, mi amargura, soy todo, con o sin a pesar de, esto soy y es lo que hay.

Me gusta ver todo esto, en lo que me he convertido, soy la síntesis de todo lo vivido, soy el extracto de mi propia existencia, aquí y ahora, soy consciente que siempre me he tenido, pero muchas veces no me he disfrutado, aquí y ahora, me percato, que me puedo mirar a los ojos, y sentirme orgulloso de todo esto que represento, me puedo ver al espejo y recordar ese niño que era, mirarlo a los ojos y decirle: ¡he cumplido todas mis promesas! O decirle también, ¡empezaremos a hacer realidad, todos nuestros sueños!

¡Si! Ese niño no ha muerto, sigue vivo, dispuesto a disfrutar de la vida, a arriesgarnos, a llorar y sentir dolor en el estómago de tanto reír, solo basta con mirarlo, tenemos la misma mirada de ilusión de siempre, a ese niño le diré: abre tu regalo llamado vida, la envoltura son las experiencias que vamos abriendo con el caminar de los años y disfrutemos ese regalo porque como dice un gran amigo; ¡La vida hay que celebrarla!

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