Quedó atrás el 2020, un año que permanecerá impreso en la memoria de esta generación y marcará un hito en la historia contemporánea de la humanidad, a causa de la pandemia del Covid-19 y sus devastadores efectos, dando paso a profundos cambios en todos los órdenes de la vida, a nivel global y en nuestro país. Con todo, el cierre de este ciclo y el inicio de un nuevo año, nos brinda la ocasión para reflexionar sobre los acontecimientos que vivimos, los retos que enfrentamos y plantearnos las oportunidades que se nos ofrecen para construir una sociedad más justa y solidaria.

La pandemia, además de la lamentable pérdida de vidas y la afectación a la salud de miles de personas, provocó un quiebre en nuestra vida cotidiana; en la forma de interrelacionarnos; alteró el ritmo del quehacer institucional; afectó de manera severa la economía, generando desempleo y comprometiendo el nivel de bienestar de las familias, en especial de aquellas en situación de vulnerabilidad, así como también disparó la violencia intrafamiliar.

Las instituciones del Estado asumieron el reto, actuaron con responsabilidad y creatividad en una situación inédita, desafiante, para la que ningún gobierno estaba preparado, y que rebasó toda expectativa ante el cúmulo de situaciones que la pandemia desencadenó, preservando en todo momento el Estado de Derecho, la gobernabilidad política y la estabilidad social.

El personal del sector salud, la primera línea de respuesta a la crisis sanitaria, ha permanecido laborando de manera incansable y con auténtica vocación de servicio, aún a riesgo de su propia salud e integridad física, incluso sufriendo incomprensibles agresiones.

Se logró dar continuidad a los servicios educativos en todos los niveles, a través del despliegue de modalidades de aprendizaje a distancia, mediante la utilización de una diversidad de formatos y plataformas, y si bien miles de niños y jóvenes no tuvieron acceso a estas modalidades y debieron interrumpir sus estudios, ya se instrumentan medidas para reducir la brecha digital y lograr la inclusión de una mayor número de ellos, así como se incrementó el presupuesto destinado a educación para 2021.

Así también, el sector privado asumió el compromiso y continuaron trabajando aquellas empresas, comercios o establecimientos que cumplen actividades esenciales, algunas implementando novedosas soluciones.

Nos adaptamos al trabajo a distancia y al uso de nuevas herramientas tecnológicas, como una alternativa que además de evitar la concentración de personas, nos ofrece otros beneficios.

Incluso, algunas de estas soluciones es probable que se adopten en forma permanente o complementen los esquemas que actualmente operan.

Como toda crisis, nos devela vulnerabilidades y acentúa las desigualdades. Y es aquí donde cabe reflexionar sobre la responsabilidad y el compromiso que como sociedad nos corresponde asumir frente al futuro.

La pandemia nos da la oportunidad de renovar valores tales como la unidad, zanjando divisiones, para reconocernos todos como mexicanas y mexicanos, cada uno con un papel que cumplir para cimentar esta gran edificación que es nuestro México; la solidaridad, como un requisito fundamental para la existencia misma de toda comunidad; la pluralidad y la tolerancia, como valores esenciales de una sociedad capaz de vivir en democracia.

Una sociedad fragmentada es una sociedad sin futuro. Hoy tenemos la enorme tarea de reconstruir el tejido social; que nuestro retorno sea a una nueva realidad, asentada en estos valores, en una nueva cultura social. Unir esfuerzos para alcanzar una sociedad de mayores oportunidades, más justa, más fraterna. Ese debe ser nuestro reto.

Mis deseos de armonía y bienestar para este año 2021.

Ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

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