Vaya días para los mexicanos, el morenismo volvió a las andadas y de paso hizo añicos derechos que, por décadas, luchamos para tenerlos, como el debido proceso.
La semana pasada el Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU, ante la evidente práctica en México de acciones generalizadas y sistemáticas tendientes al flagelo de mujeres y hombres, echó a andar el procedimiento que le permite llevar el caso eventualmente al Pleno de la Asamblea General para que intervenga y nos sancione. Sí, no más simulación, la Nación, al banquillo de los acusados.
El documento sostiene que obran indicios firmes para pensar que se podría estar ante la presencia de crímenes de lesa humanidad, ni más ni menos, fruto de la siniestra participación, tolerancia u omisión de autoridades, en colusión con los ejecutores. Para muestra las tragedias de Ayotzinapa y Teuchitlán. Somos el moderno Kosovo.
La instancia, precisó que referirse a ‘desaparición forzada’ no solo significa que agentes del Estado secuestren directamente a alguien, también lo es cuando grupos de verdugos actúan con apoyo o permiso del mismo régimen. Es justa la definición que nos aplican por las masacres que sufrimos.
La respuesta del oficialismo, lejos de externar preocupación y poner manos a la obra, buscó descalificar. A la Presidenta no le alarma que sigan las montañas de muertos.
Mientras esto acontecía en el ámbito internacional, en lo domestico, los transportistas hartos de las inseguras carreteras anunciaron un paro y bloqueos. Sus principales reclamos son la constante en asaltos, asesinatos de choferes y extorsiones. Sheinbaum implacable, ninguneó y pretendió esconder cadáveres en el closet, dejó al garete a un sector altamente productivo, ignorando que son un engranaje fundamental de la economía, sin ellos no se mueve lo que se vende, sencillo, no circula el dinero. Ni siquiera eso la motiva. Cegada, niega dar alivio a una demanda básica: que las vías sean confiables.
Finalmente, la última estocada vino de la Suprema Corte, terrible. El lunes sentenció a favor de la Unidad de Inteligencia Financiera. Dijo que puede congelar cuentas bancarias sin orden judicial, basta una sospecha y listo. Un funcionario tendrá el imperio para destrozar el crédito y reputación de las personas, se trata de una afectación a la presunción de inocencia y a la propiedad privada. El litigio de años se fue a la basura.
Tres hechos graves, un solo país.
Indudablemente el tema sensible es la desbordada crisis de desaparecidos. Traza una profunda e imborrable estela de dolor e incertidumbre en familias deshechas. Sin paragón, son vidas, miles, que se han esfumado de la noche a la mañana con el visto bueno o con la colaboración de quienes teniendo el deber de cuidarnos nos subastan. Lo he dicho e insisto, lo normalizamos, es cotidiano, salir de casa con la posibilidad de no regresar, juego perverso de resistir o morir, al grado que la zozobra se desvaneció, tanta atrocidad nos arrancó el asombro.
No falla el equipo, no es García Harfuch, ni Ebrard, tampoco el neófito Canciller Roberto Velasco, no, la responsable del desastre es la mandataria. No hay más. Vivimos en un verdadero valle de obscuridad, con un poder sin contención y la República se deshace en sus frágiles manos bajo su impasible mirada.
Entre tanto, en Palacio, una caucásica plácidamente asolea sus piernas, se le ve tranquila, se sabe privilegiada. La imagen lo dice todo, es un folklor, costoso, sin sentido, absurdo, sin brújula, es la 4T y su segundo piso.

