El 30 de septiembre de 1938, el Primer Ministro Británico, Neville Chamberlain, descendió del avión que lo transportó de Múnich a Londres, satisfecho de haber logrado un acuerdo de ‘no expansión’ con el temible Führer. Al bajar de la aeronave mostró, a la prensa que lo aguardaba, un ondeante pedazo de papel que contenía el célebre compromiso. Con rostro inexpresivo, el flacucho inglés intentaba convencer, ¿acaso a él mismo? de que no habría hostilidades. Al final fue un embuste, en menos de un año Inglaterra se vería obligada a ir a la cruenta guerra que la destruyó y le costó millones de vidas. El pacto, como cuando lo presumió, se lo llevó el viento.
El lunes la imagen se repitió, la Presidenta sonriente, flanqueada por el canciller Juan Ramón de la Fuente y el Secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, sostuvo una llamada con Donald Trump, según se informó, de 15 minutos, en la que el norteamericano le aseguró que no haría ningún movimiento intervencionista. Me cuesta trabajo pensar que el comandante supremo de las fuerzas armadas de una potencia revele sus acciones a quien pretende atacar. En la fotografía se ve a la doctora Sheinbaum contenta, evidentemente, anhelando transmitir tranquilidad, la que a todas luces no hay.
El momento es hondamente serio, tenso, quizá el pasaje de mayor riesgo para la República desde la invasión de 1914, por cierto, también por el ejército de las barras y las estrellas, pero por diversas causas. En aquel entonces se pretextó el arresto de unos marinos estadounidenses en Veracruz, pero en el fondo se trataba de Huerta. Los factores actuales son peores por incomparables razones, las principales, estamos hundidos en batallas que se libran en gran parte del territorio nacional contra un enemigo doméstico, dominante, el crimen organizado. No podemos ocultar la verdad, la absurda estrategia de ‘abrazos no balazos’ los empoderó al grado de desplazar instituciones fundamentales de gobierno y humillar a las autoridades formales sometidas a los designios de los capos. Ni cómo esconderlo, es penoso, somos una población profundamente lastimada por las armas de la delincuencia y la omisión de los elegidos en urnas que, de cara a la realidad, son cajas inútiles, vacías, sin rumbo, mera farsa electoral, porque los que mandan lo hacen apuntando sus fusiles, levantando, torturando y asesinando inocentes, no los ciudadanos. Sumado al escenario, la sociedad se encuentra abismalmente dividida, sin puntos medios, o se es morenista o se es adversario.
En este contexto, el allanamiento patrio anunciado desde la Casa Blanca es resultado del grave abandono y negligencia que se perpetuó sexenio tras sexenio, al no aniquilar a los grupos que hurtaron la paz que nos pertenecía. Son generaciones enteras las que han crecido bajo el flagelo de hampones que sin más deciden quién vive y quién muere. Seudoempresarios y narcopolíticos, dispuestos a darlo todo por unas monedas, modernos Judas que nos subastaron como piezas de caza, sin duda, serán los primeros en correr.
La historia vuelve ahora en un telefonazo, el país en vilo, temeroso, en manos de una física, un psiquiatra y un policía, a la sombra de un caudillo que prometió desterrar lo que nos carcome, la violencia y la corrupción.
No hay mucho que esperar.
Abogado. @VRinconSalas

