No se puede ocultar, existe un narco Estado, probablemente no el país entero, indiscutiblemente, si en gran parte del territorio. Los hallazgos en la cabaña de Tapalpa, última morada de ‘El Mencho’, descubren la intromisión del capo en diversas instancias y se notó. Tras su abatimiento, la reacción de sus secuaces proliferó en 22 entidades, sometiendo a los civiles a la angustia y temor, mientras que a las fuerzas armadas a luchas desiguales frente a bandidos que se esconden en la clandestinidad bajo el disfraz de ciudadanos para luego, sorpresivamente, atacar a sus ‘blancos’. Son verdaderos terroristas, desquiciando y horrorizando a los más vulnerables.
Lo grave de los siniestros hechos, es la revelación del conjunto de factores que el CJNG fue edificando en su entorno para afianzar su imperio, que no se limitaron a la nómina de traidores, hábilmente abonaron el abandonado tejido social desde lo elemental: las fiestas populares o patronales, carnavales, la repartición de despensas, regalos navideños, para cerrar con los corridos, que incluso se coreaban en escenarios públicos. Escrupulosamente midieron sus pasos para irse apropiando de los vacíos que, por impericia, descuido o corrupción, el grupo de poder les entregó. No faltan pruebas, basta una mirada al día a día para constatar las decenas de crímenes que quedan en la impunidad en los que sobrevive una inmensa porción de la desamparada e indefensa población, auténticos fantasmas a los que se revictimizan y se les margina en la obscura caja del olvido. Es innegable que la penetración se las dio el dinero, la violencia, el reclutamiento, al grado de que, pasean en centros comerciales, restaurantes y sus hijos van a las mejores escuelas.
Con la extinción del michoacano, se descabezó un cartel, pero no se destruyó el gigantesco entramado que lo sostiene, cimentado en miles de anuencias compradas, entre ellas, de comerciantes, constructores, industriales, políticos, financieros, policías, artistas, además, de que siguen los jefes medios de la organización operando. Nemesio era un engrane sustituible de la enorme maquinaria criminal.
El reto es recuperar, reconstruir y reivindicarse. La dramática ofensiva, dejó una vía a seguir y esa es la de la gloría. A la gente le gustó enterarse que su ejército triunfó, que se impusiera y los aniquilara. El fuerte y conmovedor mensaje del General Secretario Ricardo Trevilla, caló en lo profundo del nacionalismo, las bajas militares dolieron y el orden obtenido, luego de la intensa pelea, demostró el indestructible mazo del mando. Ocegueda vivió hasta que se topó con la firmeza para eliminarlo. También resulta claro que en el pasado no se contaba con esa decisión, la que por décadas se subastó. Es tiempo de apuntalarla, aprovechar el encanto de una comunidad que atestiguó, por fin, una de los buenos.
Esa madrugada, despertamos con el asedio de la maldad que se ostentaba invencible y al atardecer nos enteramos de la fulminación del intocable, con la sensación de que a partir de esto nadie lo será. Los de verde son ganadores, esta inercia se debe conservar, máxime que, ante la decapitación, la historia nos dice, que los nuevos liderazgos tienden a ser extremistas, despiadados, sin embargo, están en desconcierto y es momento de acabarlos.
Afirma Cohen que la mayor emoción colectiva la dan los laureles de la victoria porque unen, cohesionan, nos hacen uno solo, sin importar de dónde vengan, ya sean deportivos, académicos o, como en el caso, de las armas tricolores. El domingo 22 de febrero se abrió la oportunidad que por años se venía acariciado, ofrecer a los mexicanos y al mundo la seguridad de que en nuestra tierra la delincuencia tiene una línea mortal: la voluntad del Estado, ahora hay que sostenerla.
Por cierto, ayudaría mucho a acrecentar la ola positiva, la difusión de imágenes de la batalla y de la detención aún con vida del ‘Señor de los Gallos’.
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