Hoy me permito escribir una pieza sobre una persona que no conozco. No la conozco porque su carrera es breve, pero hasta el momento, tengo entendido que su vida profesional ha ocurrido sin mácula. No es un texto de apología para ningún bando, soy tábano y auditor de todos, nunca he sido ni seré porrista de nadie.

Roberto Velasco Álvarez fue nombrado repentinamente como Secretario de Relaciones Exteriores en sustitución de Juan Ramón de la Fuente. Aunque a nivel de seniority definitivamente no es ni el diplomático más antiguo ni el más famoso, el nombramiento hace sentido en la medida en que la amenaza a la seguridad nacional más grande que enfrenta México es la reiterada insistencia de la administración Trump de una intervención militar (con o sin el consenso mexicano) so pretexto de combatir el narcoterrorismo. De entre todas las áreas de la Cancillería, no debe resultar extraño que en este instante se le de un protagonismo al personal y a las discusiones que tienen que ver con nuestro vecino y principal bully, Estados Unidos.

Roberto tiene frente a sí un reto que tendrá que afrontar sin importar que sea joven o que no tenga doctorado (reclamo que siempre me ha parecido simpatiquísimo a la luz de viejo adagio medieval: quod natura non dat, Salmantica non praestat). A Roberto le va a tocar cabildear, sea en este puesto o en el que sigue, el tramo más delicado del TMEC. A él le pido sólo una cosa. Que sea aguerrido y que sea valiente. Nuestra dependencia económica y en materia de seguridad de los Estados Unidos es ya incompatible con la dignidad, soberanía y prosperidad de México. Renegociemos todo lo que se tenga que renegociar, pero tenga usted también el valor de saber cuándo decir que no, y recordar que el mercado y la comunidad internacional no son solo Estados Unidos, y que aunque no lo parezca, sí tenemos otras alternativas (claro, ninguna a corto plazo, ese dolor de parto que México ha postergado por siglos viene a cobrarnos factura ahora, podemos pagar la cuenta ahora o dejar que se siga acumulando otros 100 años).

Me decidí a escribir a este texto porque la objeción que se ha hecho a este nombramiento me parece la más trivial que he visto en años en el debate público mexicano, una fotografía de Roberto comiendo cacahuates a mitad de una reunión con Nancy Pelosi en 2019. No conozco a Roberto, soy escéptico de todo funcionario, legislador y jefe de Estado. Tras una década asesorándolos, me queda claro que no hay figura en mayor orfandad intelectual que el político y el burócrata de alto nivel. Sin embargo, no veo nada de indigno o impropio en aquella fotografía. Para quienes hemos trabajado en dependencias del Consejo de Seguridad Nacional (entre las cuales se incluye la Cancillería), nos es muy conocido que el servicio público es así. Es poner en pausa y en alfileres relaciones personales, proyectos académicos y la felicidad propia. Es comer lo que se puede cuando se puede junto a los escombros de una balacera o escondidito en una sala de juntas. A título personal puedo reconocer que de las muy pocas fotos que debe de haber de mi en Los Pinos estoy casi seguro de que todas deben ser junto a algún coffee break, con el cuerpo a medio dormir, con el alma a medio esperar, con un café en mano con sabor a agua de calcetín y alguna galleta para ir toreando la cetosis.

Quizás haya mil objeciones que se le puedan hacer a este nombramiento, pero respecto de las galletas, sí pido a mis pares un nivel más elevado de debate público.

A Roberto, en el breve o largo tiempo que dure como Secretario le pido dos cosas. Primero, que defienda férreamente la independencia de México. Segundo, que lleve hasta sus últimas consecuencias las investigaciones por las ventas de pasaportes y actas de nacimiento falsas al interior de la SRE. La delincuencia organizada y también el compadrazgo organizado tienen tentáculos que pueden, si quieren, acercarse a cualquier consulado o embajada. El pasaporte falso de Javier Duarte no salió del éter, y no se han agotado todas las líneas de investigación de la venta de documentos de identidad apócrifos en el consulado de Filipinas. Le imploro como profesionista de la seguridad nacional que tome cartas en el asunto, si un pasaporte mexicano falso acaba en manos de un terrorista internacional no nos la vamos a acabar.

Director del Instituto Latinoamericano de Estudios Estratégicos

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