Sobre el 8 de marzo, el pacto y la inequidad

Valeria Moy

El presidente no entiende el pacto patriarcal. Quizás en efecto no lo entiende, porque está, como en muchos hombres, profundamente arraigado en su ser

La semana pasada dediqué este espacio a hablar de la participación laboral de las mujeres en México. Señalé que ésta es baja en comparación con economías similares, pero es mucho más baja al compararla con países a los que aspiraríamos en términos de derechos y distribución del ingreso. Agrego hoy información que el IMCO obtuvo a raíz de una encuesta realizada con el periódico Reforma

En concordancia con las cifras oficiales, el 60% de las mujeres encuestadas no trabaja, más del 80% ni siquiera ha intentado buscar un empleo durante la pandemia, manifiestan que los cuidados del hogar y de los hijos recaen primordialmente sobre ellas. Más de una quinta parte de las mujeres que perdieron su empleo dicen que fue debido a que tuvieron que asumir otras responsabilidades este año. Ese rol de cuidadoras es un factor determinante en la decisión de trabajar o no. Son ellas las que cuidan, pero son también las agredidas. 

El 8 de marzo ha cambiado mucho en pocos años. Las historias que las redes sociales han visibilizado muestran un mundo lleno de acoso y de violencia. Me cuento entre las afortunadas que no ha sido víctima. Sin embargo, en el mundo laboral sí he recibido tratos y comentarios que nada tienen que ver con el desempeño profesional. Mi carácter me ha permitido ignorar esas frases y darles respuestas que me hacen parecer “ruda” a ojos de quienes se toman esa licencia. Pero siempre me ha llamado la atención la complicidad pasiva de quienes ven y escuchan y prefieren no hacer ni decir nada, o incluso pretenden que no se dieron cuenta. Existe una cobardía implícita de perder el favor del jefe o de perder un espacio en medios, pero, sobre todo, existe un temor a ser distintos y alzar la voz. Hay una extraña necesidad de pertenencia a un club que agrede, que se siente superior. 

En las últimas semanas hemos visto el desastre del informe de la Auditoría Superior de la Federación. Sirva el tema como ejemplo. Los comentarios sobre el auditor son francamente preocupantes: la falta de rigor, el desdén laboral, una presunta afición desmedida al ocio y al descanso. En un par de días comprometió la reputación de la ASF y perjudicó el trabajo de centenas de personas. El señor sigue firme en su puesto. Pero la pregunta interesante es si hubiera llegado a ese puesto de haber sido mujer y si se sostendría en él dada la reputación de flojera y poca dedicación. 

Hoy hay un senador de la República acusado de acoso y violación. Quiere ser gobernador y el presidente valida esa candidatura. Salgado Macedonio ha tenido fuero 20 años y busca mantenerlo. Nadie habla de las víctimas. El discurso está centrado en sus aspiraciones políticas y en el proceso dentro de Morena, el partido que lo ampara en este momento. 

Todo eso es el pacto. El pacto que el presidente no entiende. Quizás en efecto no lo entiende, porque está, como en muchos hombres, profundamente arraigado en su ser. ¿Cómo permitir que no se haga lo que él dice y ceder ante los reclamos de un grupo de mujeres? ¿Por qué un hombre intervendría ante un comentario fuera de lugar o francamente vulgar hacia una mujer si eso pone en riesgo una participación en cierto espacio mediático o de poder? Porque si no lo hacen, si no lo hacemos, nunca podremos ser un mejor país. 

 

@ValeriaMoy
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