El miércoles 27 de mayo, Banco de México publicó su Informe Trimestral correspondiente al primer trimestre de 2026. Contiene información que merece más atención de la que recibió: la economía mexicana cayó 0.6% a tasa trimestral entre enero y marzo, y apenas logró un crecimiento anual de 0.4%. Con ese arranque de año como base, Banxico ajustó su pronóstico de crecimiento para 2026 de 1.6% a 1.1%, un recorte importante.
Es la segunda corrección consecutiva, y el número coincide con lo que proyecta el consenso de analistas privados. Vale la pena subrayar la distancia entre esa cifra y la que tiene Hacienda, que sigue sosteniendo una expectativa de 2.3% para el año y que pronto tendrá que corregir. Más de un punto porcentual separa a las dos instituciones.
¿Qué hay detrás del ajuste? El informe no lo oculta. La inversión privada arrastra un desempeño débil que, según el propio banco central, se extendería al menos hasta la segunda mitad del año. La razón central: nadie invierte con convicción cuando no sabe cómo quedará el marco comercial con el principal socio del país. La renegociación del T-MEC genera una zona de indefinición que congela decisiones.
Los factores de riesgo a la baja que enumera el informe son conocidos, pero no por eso menos relevantes. La política comercial de la administración estadounidense sigue siendo impredecible. Ya no se habla de un acuerdo “zombie” sino de un acuerdo “vivo”, es decir, uno que puede ser revisado en cualquier momento en función de los deseos del presidente de Estados Unidos.
El conflicto en Medio Oriente presiona los precios de la energía hacia arriba, lo que complica la trayectoria de la inflación. La volatilidad en los mercados financieros globales no ha desaparecido. Si la economía de Estados Unidos crece menos de lo esperado, las exportaciones mexicanas lo resentirán. Ninguno de estos riesgos está en manos del gobierno mexicano.
Los riesgos al alza existen, aunque Banxico los presenta con cautela. Una resolución favorable del T-MEC podría desbloquear inversión contenida y mejorar las perspectivas del segundo semestre. El Mundial podría dar un pequeño impulso al turismo, los servicios y el consumo en los meses del torneo. Si la demanda externa supera las expectativas actuales, las exportaciones compensarían parte de la debilidad interna. Son posibilidades reales, pero el banco central las trata como atenuantes de un escenario base flojo, no como motores de un repunte robusto.
El balance, en términos sencillos, es que hay más probabilidad de que el crecimiento final quede por debajo de 1.1% que por arriba. Eso es lo que significa que el balance de riesgos tenga un sesgo negativo.
El problema de fondo no es el 1.1%. Es el patrón. México lleva años creciendo por debajo de su potencial. En 2025, el avance fue de 0.6%, el más bajo desde el colapso pandémico. Para que la economía crezca más que le correspondería dado su tamaño, su demografía y su posición geográfica, necesita inversión sostenida.
El informe de Banxico describe todo eso con la precisión de un banco central. México tiene los ingredientes para crecer más, pero mientras no resuelva sus problemas estructurales, seguiremos viendo informes trimestrales que explican la misma historia.
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