La soberbia de la ignorancia

Valeria Moy

No hay ánimo de rectificar, de reconocer un error, de corregir. Hay una soberbia en la ignorancia. En la pandemia esa soberbia ha costado vidas

El error cometido por la directora del Conacyt la semana pasada podría quedar en el olvido de haberse asumido como tal. Todos nos podemos equivocar y lo hacemos más frecuentemente de lo que nos gusta admitir. El errar y aprender de las equivocaciones no solo va nutriendo el proceso de aprendizaje, también nos forja el carácter. Pero eso supone una condición: reconocer el error.

En una conferencia mañaneras reciente la Dra. Álvarez-Buylla presentó la vacuna Patria, la vacuna mexicana que no es mexicana. Entre las virtudes de la vacuna está, de acuerdo con la directora del Conacyt, su bajo costo en comparación con otras vacunas existentes. Señaló que su costo (que no es lo mismo que precio, pero esa es otra discusión) sería “855% menor que la vacuna más cara en el mercado ahorita”. El error, por supuesto, era evidente. Para que algo sea menor al 100% de lo que es entraríamos al terreno de los números negativos, cosa muy poco probable hablando de costos. Algunos medios repitieron la información replicando el error, pero en redes sociales se empezó a exhibir rápidamente.

Al día siguiente, la Dra. Álvarez-Buylla, directora del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (desgloso las siglas para que tengamos presente lo de ciencia y tecnología), dio una entrevista a W Radio en el espacio de Gabriela Warkentin y Javier Risco en el que volvió a salir mencionado el 855%. Uno pensaría que después del error, la licenciada en Biología, maestra en Ciencias y doctora en Botánica, receptora de múltiples premios y reconocimientos, rectificaría hasta con unas risas el error del día anterior. No hubiera pasado nada, se le hubiera incluso agradecido. Pero no, a pregunta expresa sobre el porcentaje, la Dra. Álvarez-Buylla no solo no reconoció haber dado mal un dato, sino que lo agravó, insinuó que los porcentajes son iguales independientemente del sentido en el que se calculen.

Estamos hablando de un porcentaje. Nada más. Nada sofisticado. Un simple y sencillo porcentaje. Las interpretaciones del porcentaje no se hicieron esperar. Salieron en su defensa supuestos ingenieros, maestros, hasta doctores, dando explicaciones extrañas o teorías de “lo que la doctora quiso decir”.

Preocupan muchas cosas de este episodio. En primer lugar, nos debería de llevar a hacer una reflexión del sistema educativo que hemos tenido durante décadas. No puede ser que la persona que debería guiar la ciencia en el país no tenga claro algo tan elemental como un porcentaje. También preocupan aquellos que salieron, sin el menor pudor, a defender un dato que claramente estaba equivocado. Si no podemos estar de acuerdo en un porcentaje, suena a que será prácticamente imposible entendernos en temas que requieran mayores discusiones.

Pero hay algo que nos debería, como sociedad, preocupar más. No hay ánimo de rectificar, de reconocer un error, de corregir. Hay una soberbia en la ignorancia. En la pandemia esa soberbia ha costado vidas. Y va más allá. También le cuesta empleos, inversión, crecimiento y destrucción del medio ambiente.

La innovación tecnológica está ocasionando cambios exponenciales. Está en nosotros aprovechar sus ventajas. Pero mientras el mundo avanza, nosotros discutimos porcentajes.

 

@ValeriaMoy

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