En un año que empezó con más incertidumbre de la que a cualquier mercado le hubiera gustado, el ataque a Irán añade otro grado de complejidad a una situación ya complicada. La escalada del conflicto en Irán, marcada por ataques a instalaciones energéticas en Medio Oriente, ha provocado un aumento en los precios del petróleo y del gas natural. El panorama no solo afecta a los mercados globales, sino que plantea posibles implicaciones, incluso de índole fiscal, para economías como la mexicana.
Las agresiones iraníes a las instalaciones de QatarEnergy y a la refinería de Ras Tanura en Arabia Saudita han afectado la producción de gas natural y de combustibles en los pocos días que lleva el conflicto. El gas natural ha aumentado hasta 50% de precio en los mercados europeos y asiáticos, el mayor incremento desde la invasión de Rusia a Ucrania en 2022. Bloomberg reporta que la producción de Qatar se ha visto obligada a cerrar tras los ataques exacerbando la competencia por el gas entre Asia y Europa.
El precio del crudo subió 13% en un solo día para después estabilizarse cerca de un incremento de 7%. Pero es muy pronto aún para hablar de estabilización. Esto apenas empieza. El presidente Trump ha señalado que espera ataques por lo menos durante las siguientes cuatro semanas, pero si algo hemos visto recientemente es que podemos determinar el momento en el que las guerras empiezan, pero es imposible predecir su fin.
México ha reducido fuertemente las importaciones de gasolina, de rondar 75% del consumo a cerca de 56%, podría —de extenderse el conflicto— observar un aumento en los costos del combustible, lo que afectaría básicamente a todos los procesos productivos, desde la agricultura hasta la manufactura.
Sin embargo, en el corto plazo, ese escenario es poco probable. El suministro de gas se da vía gasoducto desde Estados Unidos y el mercado petrolero está integrado con esa misma economía. En caso de que el conflicto se prolongara o escalara en magnitud sí podría haber impactos dado el incremento en el precio global de una materia prima básica para la producción. La presidenta señaló ayer que, de ser el caso, el IEPS funcionaría como un amortiguador para que no se traspasara al precio de la gasolina. Desde luego, ese amortiguador implicaría una renuncia fiscal cuya magnitud no es posible anticipar en este momento.
La incertidumbre en los mercados energéticos puede llevar a una mayor inestabilidad económica global. La interrupción en el flujo de petróleo y gas a través del Estrecho de Ormuz, un punto crítico para el comercio global, podría intensificar la presión sobre los precios.
La escalada del conflicto en Irán y sus repercusiones en los precios del petróleo y el gas son un recordatorio de la interconexión de las economías globales. Aunque México no depende directamente de rutas críticas como el Estrecho de Ormuz para su abastecimiento, un conflicto prolongado podría tener efectos indirectos. Con la incertidumbre en los mercados energéticos, es esencial estar preparados para enfrentar los desafíos que se avecinan, recordando que un conflicto lejano puede tener repercusiones muy cercanas.
@ValeriaMoy

