El país no va bien. No importa lo que diga el presidente o su gabinete; importan menos las tendencias en redes sociales que sus propagandistas quieran imponer. La realidad está ahí y nos enfrenta cada día con el desastre. La pandemia está fuera de control. La estrategia de vacunación es inexistente. La economía no ha visto una debacle similar en casi 90 años.

Nos hemos acostumbrado a escuchar en las conferencias vespertinas cifras que rebasan los mil “lamentables fallecimientos” diarios. Durante enero, en un tono rutinario y aburrido, el Dr. López Gatell o el Dr. Alomía nos informaron que en el primer mes del año murieron más de 32 mil personas por Covid, una cifra que todos sabemos subestimada.

La vacunación ha sido hasta el momento otro fracaso. La meta planteada por la propia administración era vacunar a 1.1 millones de personas -personal de salud- al 31 de enero. Hasta el domingo se habían aplicado un poco más de 673 mil dosis, apenas el 60% de la meta, que de por sí era poco ambiciosa. Ayer habría empezado la vacunación para mayores de 60 años, pero no hay vacunas ni claridad sobre su disponibilidad en el futuro cercano. Lo único que hay es demagogia. Palabras vacías.

Las cifras económicas muestran la otra cara de la pandemia. La caída de 8.5% en la producción no es solo un número. Atrás de ella está la pérdida de miles de empleos, más de 647 mil plazas formales de trabajo desaparecieron en 2020, los negocios que murieron se contarán por los millones y la precarización de los empleos -en gran medida informales- será duradera. Más de diez millones de personas se habrán sumado a la pobreza en un solo año, en un país cuyas cifras en este tema ya eran alarmantes.

Si nos preocupaba la desigualdad, más nos vale entender lo que 2020 nos dejó en ese sentido. Las brechas se habrán ampliado y paulatinamente tendremos los datos para corroborarlo. No serán solo las brechas de ingreso, las diferentes oportunidades educativas que han tenido los niños de este país marcarán una cicatriz en el aprendizaje que tardará en borrarse. Quienes puedan correrán a vacunarse, el deseo de protegerse y proteger a los suyos será más grande que la paciencia para esperar su turno en una fila anhelando vacunas que probablemente no lleguen nunca. Los deciles de mayores ingresos se recuperarán más rápido, los de menores ya están viviendo enormes problemas. La recuperación en “K” ya está ahí.

Y mientras el presidente convalece, la economía se desmorona y la pandemia arrasa, el Ejecutivo decide seguir el ritmo de la destrucción. Manda iniciativas preferentes para darle un completo monopolio a la CFE a costa de los consumidores, del medio ambiente, de las finanzas públicas y de los acuerdos internacionales. Más poder a Bartlett y a la CFE. Sí, en año electoral por supuesto. El ataque a la autonomía de Banxico y a la conformación de las reservas internacionales no pasará desapercibido. El daño reputacional llegará para quedarse.

Qué visión tan estrecha la de aquellos que ven cualquier crítica como ataque personal al presidente o a su idea de transformación. Quienes se empeñan en cerrar así su mente son incapaces de ver el desastre en el que se encuentra el país y por lo mismo serán incapaces de hacer la mínima reflexión que permita cambiar el rumbo.

Días aciagos, sin duda.

@ValeriaMoy

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