Por Iván Escoto Mora, académico del Departamento de Derecho de la IBERO
Frente a una guerra en el Medio Oriente que se ha traducido en el cierre del Estrecho de Ormuz en el Golfo Pérsico, el 18 de marzo de 2026 fue bombardeado uno de los yacimientos de gas fósil más importantes del planeta en una operación conjunta entre EE.UU. e Israel para recuperar el control de la región. Se trata de un yacimiento transfronterizo. Del lado iraní es conocido como Souht Pars; del lado catarí es llamado North Field.
Irán y Catar comparten los derechos de explotación de los recursos del subsuelo marítimo de este yacimiento, bajo las disposiciones de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR), en la cual se establece que la soberanía de los estados ribereños se extiende más allá de su territorio y de sus aguas interiores “hasta un límite que no exceda de 12 millas marinas”, aproximadamente 22 kilómetros (Artículos 2 y 3).
Según reportes de la Agencia Internacional de Energía, South Pars representa el 70% de la producción de gas iraní, la cual es destinada de manera prioritaria al consumo doméstico: electricidad, calefacción y cocina.
Para compensar el desabasto de gas, Irán autorizó el uso de “Mazut”, combustible fósil residual de alto contenido de metales pesados y azufre.
Según la Organización Mundial de la Salud (2014) y la Agencia Internacional de Energía (2023), los combustibles de alto contenido en metales pesados tienen un profundo impacto en la salud de las familias generando muertes prematuras y enfermedades respiratorias graves.
El acceso a combustibles limpios para la cocina forma parte de los derechos de alimentación y calidad de vida adecuada establecidos en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (artículo 11). Por lo tanto la guerra es un factor que afecta este derecho, y no es el único efecto vinculado a la alimentación que se puede identificar.
Después de los ataques de South Pars, Irán bombardeó las plantas productoras de Gas Natural líquido (GNL) de Catar y Emiratos Árabes Unidos (EAU). Este hecho es relevante si pensamos en que en 2024 el 20% del GNL de todo el planeta fue producido en estos países, y cruzó por el Estrecho de Ormúz, con dirección al mercado asiático, según lo informa la Administración de Información Energética de los Estados Unidos.
A la par que GNL, las plantas industriales de Catar y EAU son también las principales proveedoras de azufre granulado a escala global. Este elemento es el principal insumo para producir ácido sulfúrico, el cual permite obtener de las rocas fosfóricas fertilizantes fosfatados.
Los fertilizantes fosfatados son una pieza clave para la producción agroindustrial. Aunque existen alternativas para sustituir los fertilizantes químicos, como el uso de desechos orgánicos o el reciclaje de residuos, estas fuentes podrían ser insuficientes para cubrir la enorme demanda de la agricultura mundial debido a limitaciones de escala y altos costos de procesamiento.
En este sentido, los efectos alimentarios de la guerra permiten observar otra de sus dimensiones atroces, cuyo impacto trasciende las fronteras y viaja miles de kilómetros para alcanzarnos hasta la intimidad de nuestros hogares.

