Por Deyanira Morales Sánchez
Santa Fe se encuentra entre dos cuerpos de agua muy importantes que recorren el poniente de la Ciudad de México: el Río Becerra y el Río Tacubaya. Ambos han sufrido, a lo largo del tiempo, un deterioro considerable como consecuencia de los procesos de urbanización acelerada y gentrificación que atraviesan el pueblo de Santa Fe y sus colonias aledañas.
En el caso del Río Becerra, las condiciones se han agravado de manera alarmante durante la temporada de lluvias. El aumento significativo en los niveles de precipitación ha generado un deterioro del terreno que pone en riesgo la integridad de las personas que habitan en los alrededores. Hasta el momento, se han formado al menos cinco socavones; uno de ellos, con una profundidad aproximada de cinco metros y una longitud de quince, provocó la caída de la barda construida con adoquines en la zona de La Mexicana.
El problema de la acumulación de basura persiste, aunque se ha ejercido mayor presión sobre las autoridades para la realización de jornadas de limpieza. A pesar de que la situación sigue siendo crítica, se han observado algunos avances, impulsados principalmente por el temor de que el río pueda desbordarse.
Frente a este contexto, desde el Centro Ibero Meneses hemos considerado clave impulsar acciones que vayan más allá de la atención inmediata de la emergencia. Entre ellas, promover la participación comunitaria mediante espacios de diálogo y reflexión en torno a las problemáticas del Río Becerra y sus posibles soluciones; fortalecer los procesos organizativos locales, incentivando la corresponsabilidad ciudadana en el cuidado del entorno y la gestión de riesgos; establecer mecanismos de colaboración entre comunidad, instituciones y academia para generar acciones integrales de recuperación ambiental y social; y sensibilizar a la población sobre los riesgos asociados al deterioro ambiental.
Estas acciones se han construido en colaboración con distintas instancias de la Universidad Iberoamericana, como CENTRUS, el Laboratorio de Hidráulica y el Departamento de Arte y Cultura, entendiendo que la recuperación del río no puede pensarse desde una sola disciplina ni desde una sola institución.
Pero frente a un problema tan grande, tan desbordante, surge una pregunta necesaria: ¿cómo, desde el arte, también se apuesta por la recuperación de los ríos?
Podemos pasar por el río, mirar la basura, oler la contaminación, leer las notas periodísticas sobre las acciones que se realizan, y aun así no hacer nada. Podemos pasar de largo pensando que es una situación desafortunada, ajena, imposible de transformar.
Cuando el arte incide, el cambio acontece con mayor facilidad. Entra desde otro lugar. Las acciones artísticas no se quedan únicamente en el discurso: entran en el cuerpo. Toman forma en nuestra mirada, en nuestro escuchar, en nuestro oler y en nuestro sentir. Y desde ahí, algo se mueve.
En el territorio de Santa Fe, el Colectivo Caudal ha trabajado posicionando el Río Tacubaya a través de su proyecto Somos agua, integrado por Majo Pérez Castro y Rocío Nejapa, generando procesos de reflexión sensible que invitan a reconectar con el río como un cuerpo vivo.
En el caso del Río Becerra, el trabajo artístico se ha desarrollado en colaboración con el Centro Ibero Meneses a través del taller de teatro para mujeres impartido por la actriz y profesora Paola Segoviano. De este proceso surgió una puesta en escena en el sendero, presentada a lo largo del camino del río en La Cañada. A través de performance, video y música, la obra nos permitió sentir la energía del Río Becerra desde una experiencia colectiva, situada y profundamente corporal. No se trató de romantizar el deterioro, sino de generar una relación distinta con el territorio, una que convocó cuidado, memoria y responsabilidad compartida.
Durante mucho tiempo, se creyó casi un mito el día que llegó un mensaje al chat del Centro con la fotografía de una garza blanca en el río. No era inteligencia artificial. No era un retoque ni una intervención de imagen. Era una garza blanca. Y en ese instante se trasladó algo más: la esperanza. La posibilidad real de creer que es posible recuperar los ríos, dejar que acontezca el momento en el que la flora y la fauna puedan reconstruirse.
Seguir posicionando el arte en estos procesos es apostar por entrar de otros modos en el día a día de las personas. Creer que un performance, una puesta en escena, una proyección cinematográfica o una coreografía sí pueden generar cambios. Que pueden entrar suavemente en nuestras percepciones y, desde ahí, abrir la posibilidad de imaginar y construir otros futuros. La recuperación del Río Becerra no será inmediata ni sencilla. Pero mientras la comunidad, la academia y el arte sigan encontrándose en el territorio, el río no estará solo. Y eso, hoy, ya es un comienzo.
Coordinadora de Centro Ibero Meneses

