Por lo alto, el doctor Juan Ramón de la Fuente marcó una etapa en la Cancillería, en un momento inédito en la historia de la diplomacia mexicana y en un cambio de paradigma del concierto internacional, con una conducción digna de reconocerse por la estabilidad alcanzada ante la fuerte presión geopolítica, y de manera central por la relación con Estados Unidos.

Razones personales para el cuidado de su salud lo hacen separarse de la encomienda, con el reconocimiento de la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, quien le anticipó que este capítulo no se trata de una despedida sino de un hasta pronto.

“Le dije no, no te vayas”, relató la Presidenta al conocer la solicitud del doctor De la Fuente, porque él es parte del proyecto, explicó en el video en el que hizo el anuncio. “Le reconozco el gran trabajo que ha hecho en la Secretaría y me ha prometido que va a seguir colaborando con nosotros”, compartió la mandataria.

Ambos se conocen desde hace décadas, una relación que surgió en la UNAM y se ha mantenido al paso de los años en que han hecho equipo, hasta empujar el avance de nuestra democracia, que hoy nos ha llevado a tener a la primera mujer presidenta de la nación.

Juan Ramón de la Fuente ha sido parte del proyecto político del gobierno que llegó a la conducción del país en 2018, siendo representante permanente de México en la ONU, y seis años después le correspondió organizar los Diálogos por la Transformación en la campaña de la doctora Sheinbaum, con la tarea de sistematizar y definir rutas del gobierno y solución de problemas. Finalmente, ambos son académicos, disciplinados y rigurosos en sus métodos de trabajo.

El hoy excanciller tiene una trayectoria brillante que en diferentes ocasiones le valió ser considerado presidenciable por su solvencia y capacidad de diálogo con todos los actores de la vida pública. Médico de profesión construyó su carrera pública como secretario de Salud y preferentemente como rector en la UNAM, donde replanteó la investigación, la docencia y atendió las protestas estudiantiles.

Así que ahora deja el gabinete sin marca negativa, ni por incurrir en algún exceso o con acusaciones detrás. Al contrario, a pesar de las dos operaciones que ha tenido, se ha mantenido en la línea de fuego de la política exterior sin aspavientos, sino en consonancia con el tono de la “cabeza fría”, ante las controvertidas declaraciones de Donald Trump y algunos de sus funcionarios.

En su reciente regreso tras el quirófano retornó con bríos para representar a la Cancillería, para hacer valer sus buenos oficios y ser uno de los ministros de Relaciones Exteriores del mundo con mayor capacidad de diálogo con el secretario de Estado, de Estados Unidos, Marco Rubio y, -reitero- tener la templanza requerida en el momento más complejo de la relación moderna con el vecino país, incluida por supuesto la defensa de nuestros connacionales migrantes.

La coincidencia en los tiempos de gobierno ha hecho que la presidenta Sheinbaum deba convivir con un presidente impredecible, y en esa ruta la acompañó el doctor De la Fuente en la Cancillería. Un reto siempre mayor, pero hoy potenciado, como ya he señalado.

Juan Ramón de la Fuente será reemplazado por el subsecretario para América del Norte, Roberto Velasco Álvarez, quien tras ser ratificado por el Senado, será uno de los secretarios más jóvenes y capaces que tendrá la Cancillería. Para él, el doctor de la Fuente ha tenido siempre referencias de reconocimiento.

Siempre con los pies bien plantados, el exsecretario dejó patente un mensaje el respaldo a la doctora Sheinbaum. Porque México, aseguró, tiene a una presidenta con prestigio internacional para defender a nuestra nación. En esa tarea puso su esfuerzo, y ahora vamos a esperar su retorno, porque como está dicho, no se trata de un adiós.

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