Convertir a la vida práctica conceptos teóricos como monarquía o república podría parecer un proceso natural, que, si bien complejo, es perfectamente factible sobre todo en la época contemporánea con siglos de experiencia en formas de gobierno y con múltiples recursos al alcance. Sin embargo, siempre hay obstáculos en el camino y no están exentos a desviarse.

La clave de trasladar la teoría en realidad ha sido materia de muchos estudios tanto filosóficos como de la ciencia política, y ha sido abordado por la mayoría de los filósofos en la historia, quienes lo han expuesto y analizado a fin de dar respuestas, entre otras interrogantes, a cuál sería la mejor forma de gobierno.

Si vamos de la mano de Aristóteles, como lo esbozó en su Política, los gobiernos monárquicos lo son de un solo individuo y rigen un determinado espacio que solemos llamar reinado, y tiene en la mira el interés común. En cambio la aristocracia es el gobierno de unos pocos y no de una sola persona.

Y cuando el pueblo gobierna mirando al interés común, Aristóteles la llama con el nombre común a todos los regímenes políticos, politeia, hoy conocida como República. Cuando el conglomerado de gente distribuye sus virtudes —planteó el filósofo griego— es difícil que todos los habitantes alcancen la perfección en todo tipo de tareas; pero podrían hacerlo en el arte de la guerra e imponer un dique de defensa, que haga destacar precisamente al régimen en ese elemento, constituyéndose en el más soberano.

Tanto la Monarquía como la República hoy sufren de algunos vicios que resisten el paso de la historia y que los impactan en su legitimidad. En el primer caso, el defenestrado Jeffrey Epstein, cuyos efectos por sus conductas desviadas han trastocado a la monarquía británica con la detención —así haya sido por unas horas para iniciar una investigación— del expríncipe Andrés, segundo hijo varón de la difunta Reina Isabel II, ante la sospecha de mala conducta en el cargo público, ligado a la filtración de documentos oficiales que hizo a favor de Epstein.

El monarca del Reino Unido, Carlos III, expresó en una breve pero contundente carta pública que recibió con profunda preocupación la noticia sobre su hermano Andrew Mountbatten-Windsor y la sospecha de su mala conducta en un cargo público. Sostuvo que el siguiente paso era un proceso de investigación completo, justo y adecuado de esta cuestión por las autoridades correspondientes.

Y fue tajante al señalar que la ley debe seguir su curso. Además de reiterar su compromiso y el de su familia al pueblo británico y descartar hacer más comentarios sobre ese asunto en el futuro.

Así, en congruencia con el régimen y la encomienda, el Rey inició la operación limpieza, antes de que ese caso sacudiera aún más a la Corona.

En México la problemática que hoy vivimos tiene sus propias peculiaridades para que salgan a flote todas las virtudes y que no sucumban ante los desafíos históricos de la vida ordinaria. En nuestra República, como lo anoté en mi colaboración del pasado domingo 8 de febrero, “El manotazo: ¡Nadie por encima de la ley!”, la operación limpieza inició, materializándose con la detención de Diego Rivera, Alcalde de Tequila, Jalisco.

En un momento donde cada día salen noticias, filtraciones, versiones y documentos del virus llamado huachicol, y que seguramente los beneficiarios de este flagelo están muy molestos con dicha operación iniciada por el Gobierno de la República, al cargo de la presidenta Claudia Sheinbaum, y asignada especialmente al Gabinete de Seguridad, es claro que el reto es significativo. Pero debe reconocerse que la titular del Poder Ejecutivo Federal y su equipo tomaron la determinación de empezar a tomar acciones para ese y otros vicios que históricamente han aquejado a nuestra República.

Como lo expuso la Corona Real Británica: “la ley debe de seguir su curso”, y añadiría yo, que así sea siempre y en cualquiera de las formas de gobierno. Además de que donde sea y con la ley por delante, la congruencia será la garantía de futuro y de democracia en México.

Abogado y activista, maestro en Ciencias Penales. Autor del libro “El Ciudadano Republicano y la Cuarta Transformación”. @UlrichRichterM

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