Ganó la participación y, por ello, la democracia

Ulrich Richter

El pasado seis de junio, la democracia mexicana tuvo su evaluación y por fortuna para todos nosotros aprobó con buenos resultados. El acto cívico por excelencia en toda democracia lo constituye tu participación a través del sufragio o voto en las elecciones, y es básicamente la forma de legitimación democrática del sistema político.

Las elecciones tienen gran importancia en la vida política de cualquier país y son esenciales para este régimen. Durante los procesos electorales, los ciudadanos nos convertimos en actores políticos fundamentales, en consecuencia, está aprobación de nuestra democracia se debe al activo de la misma, a los ciudadanos y ciudadanas que en primer término fueron los funcionarios de casilla, los cuales actuaron de manera ejemplar y luego los que salimos a ejercer nuestro voto, incluso, algunos hicieron varias horas en fila para cumplir con la obligación y correlativo derecho a votar.

A mayor abundamiento, la aprobación se demuestra en el resultado, fue una gran participación de los ciudadanos, subiendo al 51% y así aproximadamente 4.3 millones de electores se sumaron a esta elección.

La participación le ganó al abstencionismo, enemigo de toda democracia.

El experto en ciencia política Giovanni Sartori opina acerca de la participación lo siguiente: “Es tomar parte en persona, un tomar parte activo que es verdaderamente mío, decidido y buscado libremente por mí. No es, por lo tanto, ‘formar parte’ de modo inerte ni es ‘estar obligado’ a formar parte. Participación es ponerse en movimiento (por uno mismo), no ser ‘puesto en movimiento’ por terceros (movilización)”.

No se debe de pasar por alto que tu participación en las elecciones tiene una larga historia, en ella ha habido sucesos cruciales, muchos ciudadanos incluso perdieron su vida por darnos nuestros derechos, en su mayoría movimientos sociales; algunos consideran la paternidad a varios documentos: “Petition of Rights” (1628), el acta de “Habeas Corpus” (1679), el “Bill of Rights” (1689), y el “Act of Settlement” (1701). Su mentor e ideólogo será J. Locke.

Los derechos ciudadanos nos remontan también a la Declaración de derechos del buen pueblo de Virginia, de 1776, y la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, del 26 de agosto de 1789, producto de la Revolución Francesa del mismo año.

Ahora bien, después de este repaso breve volvemos a nuestra realidad y una vez que transcurrió el acontecimiento cívico de nuestras elecciones y como diría Sartori tenemos que seguir siendo activos: PARTICIPANDO.

Abogado y activista, maestro en Ciencias Penales.
Autor del libro “El Manual del Poder Ciudadano”.
@UlrichRichterM

 

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