La Confederación de Trabajadores de México ha vivido, en el marco de su XVII Congreso Nacional Ordinario y en el año en que cumplimos 90 años de historia, un momento que no se repite.

He tenido la dicha, y lo digo con absoluta responsabilidad, de asumir la encomienda de encabezar esta Casa Grande de las y los trabajadores como su Secretario General. No lo asumo desde una aspiración individual; lo asumo desde una convicción colectiva: la unidad ha sido, es y seguirá siendo nuestra mayor fortaleza.

La CTM es de millones de trabajadoras y trabajadores que todos los días sostienen y movilizan la economía nacional. Ellos son nuestro mayor activo. Ellos son nuestra razón de ser.

Por eso, este proceso de renovación se condujo con institucionalidad y madurez. La consolidación de una Planilla de Unidad Nacional no fue un trámite; fue un mensaje. Un mensaje claro de que, por encima de cualquier interés personal, sectorial o de grupo, prevaleció el interés superior de la organización, de las y los trabajadores, y con él, del país.

Lo dije el día de mi toma de protesta y hoy lo reitero, con tres palabras que no son protocolo, sino convicción total: orgullo, gratitud y compromiso.

Orgullo de pertenecer a una organización que ha acompañado el desarrollo del país desde sus cimientos. Gratitud porque nadie llega solo; detrás de esta responsabilidad hay más de 4.5 millones de trabajadoras y trabajadores cetemistas organizados. Y compromiso, porque esta encomienda no es personal; es histórica.

El relevo que vivimos fue inédito, pero ejemplar. La decisión institucional de Carlos Aceves del Olmo de no reelegirse por el bien de la organización permitió una transición ordenada, madura y unitaria. Ese gesto honra su trayectoria y fortalece a la CTM. Nos deja una lección profunda: la unidad está por encima de cualquier aspiración individual, y a su vez, nos deja un legado digno de respetar, digno de continuar y la tarea incansable de la lucha del movimiento obrero organizado.

Caminamos sobre el legado de Don Vicente Lombardo Toledano, de Don Fidel Velázquez Sánchez, de Don Leonardo Rodríguez Alcaine y de Don Joaquín Gamboa Pascoe, dirigentes históricos que sostuvieron la unión interna en momentos complejos de la vida nacional. Esa historia no es nostalgia, es responsabilidad, y nos obliga a renovarnos sin perder identidad.

La unidad no es discurso; es método, es institucionalidad y responsabilidad. En la unidad todos cabemos; en la división todos perdemos. Y la CTM eligió, con claridad, la unidad para dar resultados.

Y con responsabilidad les comparto: ¿qué espera hoy la trabajadora, el trabajador mexicano?

Que el salario alcance, que el sistema de salud funcione, que la vivienda digna sea una realidad, que la tecnología no destruya empleos, sino que los transforme con capacitación, educación y privilegiando la productividad humana, y que haya justicia social para ellas, ellos y sus familias.

Por eso lo digo con claridad: nuestra central obrera será una central de propuesta, no de protesta.

Trabajaremos con visión tripartita y con el trabajador al centro de la mesa. Reiteramos nuestra disposición al diálogo institucional con la Presidenta Claudia Sheinbaum, con su gobierno, con el Congreso y con los gobiernos estatales. México necesita acuerdos firmes, no confrontaciones estériles.

Con el sector empresarial compartimos una verdad elemental: el desarrollo del país solo es posible cuando trabajadores y empresas caminan juntos. Competitividad sí, pero con justicia social y sentido humano.

Las instituciones de seguridad social deben fortalecerse con responsabilidad técnica y visión social. El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y el Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (INFONAVIT) no son entes abstractos; son la salud y el patrimonio de millones de familias trabajadoras. Defender su viabilidad, modernizarlos y hacerlos más eficaces es parte central de nuestra agenda.

En el ámbito internacional, el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) representa una oportunidad estratégica. La CTM debe participar activamente en su revisión, impulsar un Consejo Laboral Plural y asegurar que la relocalización productiva genere empleos formales, estables y mejor remunerados. La globalización no puede ser precariedad; debe ser competitividad con derechos.

Nuestra hoja de ruta se sustenta en un decálogo claro: orden institucional y transparencia; fortalecimiento salarial; jornada digna; defensa del empleo ante la automatización; capacitación permanente; participación activa en la agenda legislativa; defensa integral de la seguridad social; modernización sindical; presencia internacional; y, como principio rector permanente, la unidad.

Un eje esencial de esta nueva etapa es el impulso decidido al liderazgo de nuestras compañeras. La CTM debe reflejar la realidad de México: mujeres trabajadoras que sostienen sectores enteros de la economía y de la vida productiva. Fomentaremos su participación plena en la vida sindical, abriremos espacios reales de decisión y fortaleceremos políticas de equidad de género. El empoderamiento de las mujeres no es una concesión; es una prioridad estratégica y una obligación moral.

Es tiempo de diálogo, apertura y desarrollo. Las y los trabajadores no necesitan protestas, necesitan propuestas, soluciones concretas; no necesitan división; necesitan unidad con resultados.

Hoy inicia una nueva etapa. Y la asumo con serenidad, con carácter y con la firme convicción de que el liderazgo es servicio.

No llego solo, me acompaña un Comité Nacional sólido, plural y comprometido. Un equipo que entiende que esta responsabilidad es de acción firme, de un deber total con las y los trabajadores, con el país; que entiende que la fortaleza de la CTM no radica en una persona, sino en su estructura, en su organización y en su cercanía con la base trabajadora.

Con este Comité buscamos fortalecer conjuntamente diversos aspectos de la vida de las y los trabajadores: el salario, la salud, la vivienda, la capacitación, la estabilidad laboral y la movilidad social de sus familias. Recorreremos el país, escucharemos, ordenaremos y cumpliremos.

Porque a las y los trabajadores nos debemos, por ellos trabajamos. Ellos son nuestra razón de ser, y es por ellos que asumimos con gran gusto y honor esta responsabilidad histórica.

Agradezco la confianza, honro la responsabilidad que se deposita en mí, y reafirmo el motivo y razón de mi deber: las y los trabajadores y sus familias, la justicia social y el progreso incansable de nuestro país.

¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

Comentarios