El 28 de febrero Washington comenzó una guerra contra Irán cuyas consecuencias las pagará Ucrania mientras las cobra Moscú. En menos de dos semanas, Estados Unidos ha sido capaz de disparar los precios del petróleo, desestabilizar los mercados financieros internacionales, poner en jaque a las economías occidentales, relajar las sanciones económicas y utilizar reservas estratégicas de crudo que tardarán en reponerse. Una cadena de decisiones que ponen en duda hasta dónde realmente la Casa Blanca midió las potenciales consecuencias de esta guerra que, en última instancia, fortalecen a Moscú.

Apenas ayer, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) liberó 400 millones de barriles de las reservas de emergencia de sus 32 países miembros, equivalente a apenas 20 días del volumen que transitaba por el Estrecho de Ormuz antes de la guerra. La respuesta del mercado fue inmediata: el Brent subió 5.7% y el WTI 6.5%. Un parche en precios que, en semana y media de conflicto, ya acumulan un alza de más del 30%. El crudo ruso Urals se vendía antes de la guerra unos $12 por barril por debajo del Brent. En marzo los precios superaron los $70. El presupuesto ruso de 2026 asumía un precio del Urals de 59 dólares por barril. La guerra le ha traído a Rusia una ganancia inesperada.

El 5 de marzo, el Departamento del Tesoro emitió una exención de 30 días permitiendo a las refinerías indias comprar crudo ruso ya cargado en buques, unos 120 millones de barriles flotando en el mar. Scott Bessent, Secretario del Tesoro de Estados Unidos, lo justificó como una medida temporal para mantener el flujo de petróleo global, aclarando que no beneficiaría significativamente al gobierno ruso. Pero fue más lejos: "Podemos eliminar sanciones a otro petróleo ruso”. Reuters reportó después ese mismo día que Trump consideraba flexibilizar las sanciones de manera más amplia.

Tras la invasión rusa a Ucrania, las sanciones occidentales obligaron a Rusia a ofrecer su crudo con descuentos con lo que India se convirtió en uno de sus principales compradores: el crudo ruso llegó a representar más del 40% de sus importaciones. Washington, buscando la aplicación efectiva de las sanciones, pasó meses presionando a India para que redujera sus compras de crudo ruso bajo la amenaza de imponer aranceles del 50%. Para enero de 2026 Trump lo había logrado: las compras indias de crudo ruso cayeron a menos del 20%. Irónicamente, con la guerra contra Irán, Estados Unidos deshizo en días lo que tardó meses en construir.

Para Ucrania el golpe es muy concreto. En tres días de guerra contra Irán se quemaron más de 800 interceptores Patriot, más de los que Ucrania recibió de sus aliados a lo largo de cuatro años de guerra. El sistema Patriot es el único capaz de derribar misiles balísticos como el Iskander y el Kinzhal que Rusia lanza contra ciudades e infraestructura ucraniana. No hay sustituto. Desde el inicio de la guerra, EE.UU. y sus aliados han disparado más de 1,000 interceptores PAC-3, generando una escasez global que tardará años en resolverse: EE.UU. produce apenas 550 al año. Al ritmo de uso actual, Washington agotaría la mitad de su inventario total en cuatro o cinco semanas.

Ucrania produce drones interceptores de bajo costo que sirven para derribar los Shaheds iraníes y negocia con Estados Unidos su uso en esta guerra. Sin embargo, esos ingresos para Ucrania no compensan lo esencial: Rusia tiene ahora ingresos petroleros extras para sostener su guerra, mientras Kiev se queda sin la única arma capaz de detener los misiles balísticos lanzados desde Rusia.

Pero también Europa paga la cuenta de esta guerra. En diez días, los precios del gas subieron 40% y los del petróleo 27%. Más de €3,000 millones adicionales en importaciones de combustibles fósiles, €300 millones por día. La UE importa más del 90% de su petróleo y cerca del 80% de su gas. Y mientras la Comisión Europea prepara medidas de emergencia (topes al precio, subsidios) advierte que volver al gas ruso sería un error estratégico aunque no termina por descartarse. Los países que financian y arman a Ucrania enfrentan ahora precios energéticos que podrían obligarlos a acudir a Putin, terminando por fortalecer las finanzas del mismo Kremlin que buscan debilitar.

Frente a este escenario queda una pregunta sin responder: ¿calculó Washington el costo de esta guerra antes de iniciarla? Los datos sugieren que no. En cualquier caso, el resultado es el mismo: una guerra que debilita a Ucrania y fractura a Europa y donde uno de los principales beneficiarios termine siendo Moscú.

X: @solange_

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