No hay vacuna para el cambio climático

Solange Márquez

Aún con las medidas de confinamiento impuestas en todo el mundo se ha podido frenar el cambio climático. Es verdad que hoy vemos cielos más azules; en todo el mundo los niveles de contaminación atmosférica se han reducido drásticamente y eso alimentó la esperanza en los últimos meses.

Casi a la par de la crisis sanitaria enfrentamos una crisis económica, quizá la peor en décadas. Los datos no son alentadores. Millones de personas caerán en la pobreza y el esfuerzo que se ha hecho en las últimas décadas podría venirse abajo. Y una crisis económica puede impactar severamente al clima y a la lucha contra el cambio climático.

Hay antecedentes de que las crisis económicas pueden traer aparejado un aumento en las emisiones mundiales de CO2. En 2009, luego de la crisis económica mundial, las emisiones aumentaron casi 6%. Dada la magnitud de la crisis actual que enfrentaremos, el impacto será mucho mayor. Gobiernos de todo el mundo están poniendo sus esperanzas de repunte económico en la generación de energía basada en carbón. El gobierno de México ha aprovechado el momento para cortar de tajo el gran avance que tenían las energías renovables en nuestro país. Colombia impulsa con mayor ahínco regulaciones para permitir el fracking. A ellos se suma un miríada de líderes de naciones que o bien niegan el cambio climático, como Trump, o bien impulsan políticas públicas absolutamente contrarias a sus compromisos ambientales como Bolsonaro en Brasil.

Lejos de apostar por una reapertura ambientalmente sostenible, se apuesta por lo que se considera, puede dar resultados más rápidos. Es verdad que el aumento de pobres será exponencial. Las cifras y predicciones del crecimiento de la pobreza en el mundo en los próximos años son escalofriantes. Sin embargo, es crucial reconocer que el bienestar y la calidad de vida también tiene que estar basado en la salud de las personas. El cambio climático amenaza esa salud. Más aún, amenaza la vida.

Contrario a lo que ocurre con naciones como la mexicana, hay países y regiones que han comenzado a delinear planes y proyectos de recuperación económica ambientalmente sostenibles. La Unión Europea, Alemania, Canadá, Corea del Sur, Dinamarca, el Reino Unido, han desarrollado planes y comprometido presupuesto para impulsarlos. Desde el impulso a energías renovables hasta el fomento de transiciones verdes y creación de economías circulares, en sectores tan diversos como el agrícola, la energía o la producción de acero, los proyectos se van acumulando en una apuesta que podría ser la oportunidad para cambiar.

La pandemia nos ha puesto en una situación que jamás imaginamos vivir. Nos ha transformado por entero y ha cambiando nuestra forma de vida. Una crisis que lamentablemente ha costado muchas vidas humanas, pero que tendrá, tarde o temprano, una solución. La vacuna llegará y el mundo volverá a ser normal. Sin. embargo, la crisis del clima seguirá ahí y seguirá cobrando vidas, continuará transformando nuestra existencia hasta que parezca irreconocible en algunos años. La crisis del clima no irá a ninguna parte porque contra ella no hay una vacuna.

Es tiempo de pensar en la oportunidad que tenemos frente a nosotros de cambiar. Ha quedado claro que podemos vivir sin los patrones excesivos de consumo, que podemos cambiar nuestro transporte, nuestra forma de trabajar, que podemos mejorar. Si muchos lo impulsamos, quizá, sólo quizá, esta es una nueva oportunidad para el ser humano, para cambiar y hacer las cosas bien.

Twitter: @solange_

TEMAS RELACIONADOS
Guardando favorito...

Comentarios