¿Ideología o simple oportunismo?

Solange Márquez

¿En qué se parecen López Obrador y Bolsonaro? Desde el inicio de su mandato, Jair Bolsonaro, presidente de Brasil, se ha dedicado a atacar las instituciones electorales, poniendo en duda, con años de anticipación, el resultado del proceso electoral presidencial que vivirá el país en octubre próximo. 

Similar a lo que ha hecho el presidente de México, Bolsonaro ha mostrado un gran  desprecio por las instituciones que ponen freno a los abusos de su propio gobierno lo que lo ha llevado a un constante desgaste. Los enfrentamientos se han incrementado en las últimas semanas en que el presidente brasileño ha puesto en duda el sistema electoral, agitando, una vez más el fantasma del fraude electoral, al cual ha convertido en uno de los pilares de su campaña por la reelección. 

Igual que López Obrador en México. Bolsonaro ganó las elecciones de 2018 con más de 57 millones de votos, el 55% del total, con el discurso y la vana promesa de combatir de raíz la corrupción. Desde entonces se ha dedicado a encumbrar a los militares en mandos y responsabilidades administrativas (como el desastroso manejo sanitario de la pandemia y el supuesto control de la deforestación en la Amazonía). Los militares hoy tienen poder como no se había visto desde que el país era gobernado por una dictadura militar hasta mediados de los años ochenta.

Parecido a lo que ocurre hoy en México, en Brasil, los militares tienen espacios de decisión cada vez más grandes, incluidas empresas paraestatales. En México con la construcción del Aeropuerto Felipe Ángeles y el Tren Maya, en Brasil con el nombramiento de un general retirado como presidente de la petrolera estatal Petrobras. Aquí y allá, la militarización es percibida con recelo por otros órganos de gobierno, especialmente aquellos diseñados para cuidar la democracia. 

Jair Bolsonaro es considerado un presidente ultra-derecha. Su pasado militar y sus posturas frente a diversos temas lo posicionarían así. Sin embargo, otras de sus políticas lo alejarían de esta definición como el Renda Brasil, un programa social destinado a ayudar a los más pobres o la pensión para adultos mayores. Programas que alejarían a su gobierno de la austeridad que caracterizaría a un gobierno de derecha radical. 

López Obrador es considerado un presidente de izquierda por su pasado partidista y su acercamiento a las clases populares. Sin embargo, sus políticas radicales de austeridad, sus posturas ambivalentes frente a temas históricamente de izquierda, su acercamiento y trato preferente a grandes empresarios lo alejaría de ese espectro. 

López Obrador se lleva bien con un derechista como Trump pero no con un progresista como Biden. El manejo de la economía en Brasil ha desatado críticas entre el sector empresarial y sectores liberales que ven el riesgo de transformarse en Venezuela. El Presidente de México “defiende” a países pro-comunistas como Cuba, Venezuela y Nicaragua. Critica la exclusión y la falta de respeto de Estados Unidos por la soberanía de esos países pero igual que Bolsonaro lleva meses evadiendo un pronunciamiento abierto contra la invasión de Rusia a Ucrania. 

La personalidad autoritaria no tiene ideología. Su acercamiento a cualquier espectro ideológico se da por conveniencia, por interés de lograr su único objetivo, conservera el poder. Los líderes autoritarios usarán todo lo que esté a su alcance para mantenerse en el poder. Si bien podrán presentar ciertas posturas es claro que éstas podrían variar si por mantenerlas puede perderse el poder. AMLO no es de izquierda, no es comunista ni mucho menos marxista. Es un conservador cuyas políticas se ajustan a la necesidad política del momento.

¡Ah! Algo más que comparten. Ninguno de los dos presidentes tiene muchas ganas de asistir a la próxima Cumbre de las Américas. 

Twitter: @solange_

 

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