Falta de ambición. El sello de la COP26

Solange Márquez

En 1985, Carl Sagan alertaba que el problema generado por la emisión de gases de efecto invernadero impactaría varias generaciones y que esta situación generaba una -como yo le llamó- indiferencia temporal. Es decir, el problema se reconoce, se debate, se asume; sin embargo, a la hora de elaborar soluciones, estas suelen bien ser inexistentes o bien “patear” el problema al futuro. Que se encargue la siguiente administración, el siguiente jefe de Estado. “Los efectos vendrán el próximo siglo. Que el próximo siglo se preocupe por ello”.

Treinta y seis años después, parece que el argumento sigue siendo el mismo. Que se resuelva en 30 ó 50 años. Que el siguiente siglo se solucione. El problema es que ya es el siguiente siglo y los efectos, tan temidos, ya están aquí.

Ayer la COP26  entró en prórroga, incapaces de votar la declaración final. En el que debía ser el último día de la Conferencia y en el que teóricamente los países tendrían que haber votado y suscrito la declaración final, los desacuerdos y las desavenencias dieron la nota.

La falta de ambición dejó un borrador débil, una versión tibia que cambió el llamado a los países a acelerar el fin del carbón y de los subsidios a los combustibles fósiles por una solicitud para acelerar la generación de energía limpia y la eliminación “gradual” de la generación con carbón y de los “subsidios ineficientes para los combustibles fósiles” (lo que sea que eso signifique). Una relación vaga que permitiría que los gobiernos mantuvieran dichos subsidios utilizando recursos públicos.

Hay una gran decepción por la falta de ambición en ese borrador pero además porque la declaración se convierte en un abandono tácito del limite de 1,5ºC establecido en París. Con ese abandono se firma al mismo tiempo una sentencia de muerte para el grupo de países insulares del Pacífico cuyo territorio será cubierto por el mar.

Cinco años después de los Acuerdos de París, la declaración reconoce que los planes de recorte de emisiones de los países son insuficientes para mantener un incremento de 1,5º. Los científicos han señalado que para ello se requerirá que para 2030 la emisión de gases haya caído en un 45% respecto a los niveles de 2010. Sin embargo, los planes presentados por los países actualmente nos llevarían a que en 2030 tengamos un incremento de 13,7% El anuncio del acuerdo entre China y Estados Unidos, si bien es positivo, aún se encuentra en una etapa muy temprana para que podamos evaluar sus efectos.

Tres décadas de documentos firmados, de compromisos incumplidos y seguimos sin ver una reducción sistemática y constante de gases de efecto invernadero. En 1985, los que éramos niños heredamos el problema que decía Sagan. Promesas de descarbonización hechas para cumplirse en 2050, 2060 o 2100 cuando todos los que las firman seguramente ya no vivan. Los efectos de los débiles compromisos que se pretenden firmar en la COP los verán los nietos de mis hijas.

“Si no hacemos lo correcto ahora, habrá problemas muy serios que nuestros hijos y nietos tendrán que enfrentar en el futuro” fue una lapidaria frase de Carl Sagan en 1985. Y aquí seguimos, más de tres décadas después, con políticos sufriendo, una vez más, de “indiferencia temporal”, descafeinando documento, trasladando el problema a las generaciones por venir.

 

*Internacionalista
Twitter: @solange_
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