¿Es el fin de la guerra interminable?

Solange Márquez

No será el fin de la guerra interminable. Un abandono de ese tipo puede ser el detonante de una cruenta guerra civil

El 7 de octubre de 2001 a las 8:45 de la noche comenzó la interminable guerra de Estados Unidos en Afganistán. Luego del ataque que derribó las Torres Gemelas en Nueva York menos de un mes antes, el 11 de septiembre, el entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush exigió al gobierno Talibán de Afganistán, entregar a Osama bin Laden y dejar de apoyar a Al-Qaeda, el grupo terrorista responsable de los ataques en Estados Unidos.

Ante la negativa Talibán, el gobierno de Estados Unidos comenzó una guerra que ha perdurado por casi 20 años dejando a su paso más de 110 mil ciudadanos afganos asesinados, 3 mil 500 soldados americanos muertos y más de 20 mil heridos. Esta guerra sin fin ha costado también más de 3 billones de dólares para los americanos y ha tenido otros tantos costos en vidas humanas y recursos económicos para los países aliados en la OTAN.

20 años después, el actual presidente ha prometido terminar con esta guerra de una vez por todas para septiembre próximo. De modo extraño, con las negociaciones de paz estancadas desde hace tiempo, Joe Biden anunció la salida de las tropas estadounidenses que aún se encuentran en Afganistan. Por supuesto el anuncio del fin de esta cruenta guerra, que ha sido la guerra más larga en la historia de Estados Unidos, es de celebrarse tras tantos años de espera.

En febrero de 2020, unos meses antes de las elecciones, se anunciaba por fin un acuerdo para reducir hostilidades entre Estados Unidos y los representantes talibán. A cambio de evitar ataques terroristas se prometía el retiro de las tropas estadounidenses en un plazo de 14 meses. Los cuales se estarían cumpliendo justo en mayo próximo.

Recordemos también que ya en 2012, Barack Obama había anunciado el retiro de las tropas para el 2014, sin embargo, ya para 2016 era claro que era imposible hacerlo. La precaria situación de seguridad en el país y la imposibilidad de que las fuerzas del gobierno de Afganistán se afianzaran en el territorio, echó por tierra la posibilidad de que los más de 8 mil soldados que aún se encontraban en el territorio pudieran volver a casa. El terrorismo Taliban, la falta de fortaleza institucional del gobierno así como la enorme corrupción minaron cualquier posibilidad entonces.

¿Qué ha cambiado entonces?

Poco. Se calcula que la insurgencia talibán controla un 20% del territorio de Afganistán y del resto, la mitad se encuentra en disputa entre los talibán y el gobierno. El gobierno local aún depende del apoyo militar de Estados Unidos y sus aliados de la OTAN para mantener el poder. Los Talibán están hoy mejor pertrechados para la guerra y para las acciones terroristas que siguen poniendo en jaque al gobierno. Pero no sólo son ellos, otros grupos más pelean por el control del país y con los años la lucha no ha hecho más que polarizar más las diversas facciones que conviven dentro de sus fronteras.

La señal de abandonar el país de manera acelerada puede complicar el logro de acuerdos más tangibles entre los insurgentes y el gobierno. Cinco meses son insuficientes para consolidar las fuerzas de seguridad internas que por años han permanecido débiles. Lo mismo aplica para el resto de las instituciones de un gobierno que seguramente caerá en el momento que salga el último soldado extranjero.

No será el fin de la guerra interminable. Un abandono de ese tipo puede ser el detonante de una cruenta guerra civil que pasará factura a los más vulnerables, la población civil, las mujeres y los niños. Esta salida traerá de regreso al poder al régimen Talibán, con todo lo que ello implica para las mujeres, las libertades y el terrorismo. El fin de la guerra, puede volver las cosas al estado en el que estaban 20 años atrás.
¡Que paradoja!
 

Twitter: @solange_
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