Dos contradicciones y una venganza

Solange Márquez

El presidente no tiene mala memoria. Hay muchas cosas que se pueden criticar del actual gobierno pero la amnesia no es una de ellas. El presidente no olvida, pero finge hacerlo cuando así conviene a sus intereses.  No es que haga algo muy distinto a lo que han hecho la mayoría -si acaso todos- de los que han ocupado el cargo antes que él. No es que esté mal, es política. Y es claro que López Obrador es un político electorero no un estadista. 

Sin embargo, se vuelve trascendente cuando esa política es mal dirigida y nos afecta como ciudadanos. Es cuando se encienden las alertas. Porque para un político cuya mirada está puesta en el próximo proceso electoral, el bienestar ciudadano es lo de menos. Afloran las contradicciones y emerge un estilo personal de hacer política. López Obrador, lo he dicho, no es ninguna excepción. Aquí dos muestras de sus contradicciones (usando su amnesia a modo) y de su estilo revanchista de hacer política. 

La primera contradicción ha sido la relación con el presidente de nuestro vecino del Norte. Y no me refiero únicamente a la consabida crítica dirigida al entonces presidente Peña Nieto por la invitación a Donald Trump en pleno proceso electoral en Estados Unidos. Me remonto a un pasado más remoto, con un Peje -podría pensarse- más genuino: “No tiene la menor intención de hacer una protesta enérgica porque no actúa como hombre de Estado, no es el presidente de un país libre y soberano, está actuando como títere, como pelele de los gobiernos extranjeros; esa es la realidad”, así se refería el propio López Obrador en mayo de 2006 cuando el Senado estadounidense aprobaba la construcción de casi 600 kilómetros de muro en la frontera con México. 

Hoy, catorce años después Obrador anuncia que viajará a Washington a hacer una visita al presidente de Estados Unidos. Donald Trump obtuvo la presidencia en parte por su discurso anti mexicano, por sus ataques racistas y por su promesa de construir el muro.  

El segundo ejemplo de incongruencia es la reciente disputa con el INE y sus consejeros. Luego de acusar en una mañanera de manera directa a los consejeros del INE, de denostar al órgano que organiza las elecciones en el país. En una clara afrenta a la Constitución y a la ley, el presidente se autoafirma como “guardián de las elecciones”. En un país que por 70 años peleó por tener elecciones libres, respeto al voto y al presidente fuera del proceso, el disparate es mayúsculo. Por supuesto, López Obrador pensaba lo mismo. 

En 2005, el Peje se quejó de la intromisión del gobierno de Vicente Fox “Ya le subieron el volumen a toda la publicidad del gobierno, en la radio y en la televisión […] Ya anda en campaña, parece matraquero"” y con más fuerza el aún precandidato exigía “nada de intromisión. Una cosa es el gobierno y otra los partidos. El gobierno no debe tomar partido por nadie. ¡Esa es una lección, ciudadano Presidente!”. 

Ante el enfrentamiento con el INE que ha considerado que puede haber medidas cautelares para el presidente y su vocero si se siguen utilizando las mañaneras con fines electorales  y la insistencia de López Obrador de atacar a la autoridad electoral, valdría la pena recordarle lo que él le dijo a Fox hace 15 años: “con todo respeto, no se meta ciudadano presidente, no le corresponde”. 

Quizá estas dos contradicciones son también una muestra de una característica forma de hacer política del presidente: el revanchismo. Si algo ha dejado claro López Obrador  en estos primeros dos años es que piensa que en México no hay espacio para quienes se han enfrentado a él en el pasado. 

El diferendo con los consejeros electorales, particularmente con Ciro Murayama parece tener un dejo personal desde que en la mañanera del 30 de enero el presidente le exigiera al Consejero una disculpa pública luego de que en 2006, ante la toma de Reforma y el show de la “presidencia legítima”, éste firmara un desplegado defendiendo la democracia. Una lectura equivocada que puede poner en jaque uno de los pocos avances que ha logrado nuestra democracia: elecciones libres, limpias y con piso parejo. Hace dos años México no ganó un presidente, perdió un opositor y se echó encima a un eterno candidato. 

Twitter: @solange_ 
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