Debemos aprender a vivir con la distancia

Solange Márquez

No habrá un regreso fácil ni rápido. Los días pasan, la mayoría lentos, mientras todos esperamos llegar a la fecha prometida. La fecha de salida, la que nos promete el fin de esta extraña realidad que estamos viviendo. Cerrar el capítulo “Coronavirus” y retomar nuestras vidas en el punto en el que las dejamos pendientes cuando tuvimos que cerrar las puertas y “quedarnos en casa”. 

Sin embargo, es probable que valga la pena empezar a pensar diferente. Darnos un baño -otro- de realidad. El regreso no será como muchos lo esperan. No habrá “normalidad” a la que volver. Regresar a nuestra vida como era antes, poner “play” luego de una larga -larguísima- pausa, a pesar de lo esperanzador, será imposible. 

La experiencia en países que han probado volver nos enseña que es muy fácil caer en nuevos brotes de enfermedad y que, si no somos cautelosos, eso podría llevarnos de nuevo (ya que estemos “libres”) al encierro. Nadie desea eso. Así que mas vale pensar bien, planear bien no el regreso, sino nuestro futuro. Replantearnos nuestra interacción con los demás, con nuestro entorno. Porque dar abrazos, besos, apretones de manos pasará, por un tiempo al manos, al olvido. El contacto físico estará proscrito si no deseamos enfermar o enfermar a otros. 

Hace unas semanas, el Primer Ministro de Canadá, Justin Trudeau advertía que el distanciamiento podrían extenderse hasta por 18 meses. Lo mismo se ha advertido en el Reino Unido hace unas semanas cuando el responsable médico señalaba con crudeza que “un regreso a la normalidad en el corto plazo es absolutamente irreal”.  El propio Donald Trump ha admitido que las medidas podrían extenderse 

Las posibilidades de contar con una vacuna este mismo año son muy pocas. Las mejores predicciones apuntan a un año. Mientras tanto, nada puede volver a ser como era antes. Prometer fechas fijas de “reapertura” es demagogia pura. 

Es tiempo de que en México tomemos nota de eso y comencemos a planear (ahora si con tiempo) el regreso y las medidas que deberán acompañarlo. La experiencia internacional debería ayudarnos a configurar esos escenarios y necesidades en los diversos sectores de la sociedad y de la economía. España, Italia, Corea del Sur, Alemania, China. ¿Cómo han regresado? ¿Qué medidas han tomado los restaurantes, los hoteles, las cafeterías para mantener el distanciamiento social? ¿Qué propuestas tienen los espacios de co-working? ¿cómo se plantea la vuelta de los servicios del gobierno, de las oficinas que atienden a cientos y hasta miles de personas cada día? ¿Qué hoja de ruta seguirán los profesionales de la salud de otras áreas como la odontología, los oftalmólogos, etcétera? ¿Qué hay del regreso de los niños a las escuelas? ¿cómo lograr la enseñanza de los infantes manteniéndolos alejados uno del otro, evitando el contacto, limitando los espacios? ¿es posible? 

Controlar al virus está fuera de nuestras manos, no así nuestra futura convivencia. Tendremos que aprender a convivir con el virus. Nos toca a todos como ciudadanos pensar en ello, no como algo negativo sino como nuestra posibilidad de volver a las calles de manera ordenada. Nos toca como ciudadanos, como empresarios, como profesionistas empujar para que el gobierno federal y los gobiernos locales se sienten con nosotros a resolver los detalles de esa futura convivencia que marcará nuestra vida por, al menos, un año más. 

Twitter: @solange_  

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