Biden, el candidato anti-Trump

Solange Márquez

Esta fue la primera vez que se llevó a cabo una Convención en un formato digital, a distancia por lo que las dudas eran muchas y las expectativas eran muy grandes. Cambiar la forma de hacer las cosas, transformar estructuras, formatos y terminar con inercias. Ajustar discursos y romper paradigmas. De ese tamaño eran las expectativas que se tenían. Y lo entregado cumplió en términos de formato, atractivo y compromiso. Nada mal para estos tiempos de pandemia.

Por supuesto no tuvo el encanto de 2008 cuando un joven y carismático Barack Obama fue nominado como candidato demócrata a la Presidencia en fórmula con el propio Joe Biden a la vicepresidencia. Ante un auditorio lleno, Obama hacía historia con uno de los mejores discursos que hubiera pronunciado. 

Sin embargo, Biden tiene fortalezas. Quizá la más importante por el momento, es que Biden no es Trump. Parece una verdad de perogrullo pero no lo es si se analiza en el fondo. Desde que Biden era aún uno de los muchos aspirantes a convertirse en el candidato demócrata, construyó una imagen anti-Trump. En junio del año pasado el propio Trump se quejaba ante los medios del hecho de que Biden lo había mencionado en al menos 76 ocasiones y que su campaña estaba completamente enfocada en golpearlo. 

Si bien durante la Convención, el ex vicepresidente Biden y su compañera de fórmula, Kamala Harris trataron temas críticos como la justicia racial, la inmigración, el cambio climático y la crisis económica provocada por el Covid-19, lo que más se comentó fueron los ataques contra el actual presidente Trump. Empezando por el del propio ex presidente Barack Obama. 

La Convención 2020 se alejó considerablemente de la esperanza de un futuro brillante que representó la nominación de Obama hace 12 años por la promesa de un futuro que termine con el caos de Donald Trump. 

Convertirse en el candidato anti-Trump fue uno de los factores que le permitió a Biden ganar la nominación y, por tanto es previsible que los próximos meses hasta las elecciones de noviembre, la campaña de Biden no sea muy distinta. En un país tan dividido hoy, tomar partido a favor o en contra de Trump tiene claro-oscuros. Por un lado a Biden le permitirá atraer todo el voto anti-Trump que apunta a ser bastante significativo. 

Dos preguntas quedan en el aire. La primera es que, visto su carácter amable, se antoja difícil ver a un Biden instalado en una campaña negra por entero. En aquel lejano 2008, en su propio discurso de aceptación, Obama se refería a él como “uno de los mejores estadistas de nuestro tiempo, un hombre a gusto con todos, desde los líderes mundiales hasta los conductores del tren Amtrak que todavía lo lleva a casa todas las noches”.

La segunda y quizá más importante es si esta estrategia anti-Trump será suficiente para ganar. Esa postura le resta a Biden flexibilidad en sus posicionamientos ideológicos y esto puede llegar a tener un impacto significativo en la unidad del partido

Sumado a eso, la imposibilidad de presentarse como un candidato en términos más positivos podría ser contraproducente. Una campaña negativa lleva a los términos en los que a Donald Trump le gusta hacer política. Una política sucia, con descalificaciones personales y carente de propuestas e ideas específicas a debatir puede redundar en un menor interés en emitir el voto. Más importante aún, significará una campaña donde Biden tendrá que alejarse de su propia esencia.

Twitter: @solange_  
 

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