Desde hace unos días se discuten los certámenes de belleza. Una diputada lanzó una iniciativa que critica abiertamente estos ejercicios, por diversas razones. Por ejemplo, argumenta que fomentan la “violencia simbólica hacia las mujeres”, es decir, que enraízan ideas que someten a la mujer a una condición inferior al hombre.

La diputada y muchos otros sostienen que los certámenes de belleza cosifican a la mujer, y que las participantes muestran poca inteligencia, al preferir lucir sus cuerpos antes que sus ideas.

Yo estoy en contra de esta postura.

Pienso que los criterios que definen la “inteligencia” deben expandirse. ¿Por qué una mujer que se dedica a algo con tanto fervor y estrategia (como un concurso de belleza) no puede ser considerada inteligente?

El Dr. Howard Gardner, profesor de psicología y ciencias de la educación en la Universidad Harvard, así como autor de la Teoría de las Inteligencias Múltiples, define la inteligencia como “La habilidad para resolver problemas o para elaborar productos que son de importancia en una comunidad determinada”. Es decir, la inteligencia es la capacidad para encontrar soluciones a algo en específico, no a todo (lo cual es humanamente imposible). Y en este sentido, los tipos de inteligencias no tienen fronteras.

Una mujer que participa en un certamen de belleza emplea una gran carga intelectual: para forjarse una estrategia, una ardua disciplina, conocimiento en relaciones públicas, en materia cultural, etcétera. El desafío incrementa abruptamente al tratarse de plataformas de alto nivel, como Miss Universo, Miss World y muchos otros.

Por otra parte, el Empoderamiento Femenino. Las ganadoras de los certámenes reciben ingresos económicos muy atractivos y oportunidades laborales bastante interesantes, que las colocan en altas esferas de la iniciativa privada, política, y organizaciones no gubernamentales.

Por supuesto que las oportunidades varían dependiendo del certamen, pero esa es una discusión aparte. Es lógico: en todos los proyectos, de cualquier área, existen diferentes tipos de calidad.

Una cuestión más: los certámenes de belleza generan una impactante cantidad de empleos y derrama económica. Y otra cuestión aún: estas actividades son parte del espectáculo, como la música, el cine o el futbol. Muchas personas sueñan con incursionar en este tipo de ejercicios, y a ellos no se les critica, ni se les debe criticar. Por otra parte, las sociedades necesitan diversión y entretenimiento, porque no sólo del trabajo se vive.

Los anteriores puntos, y el derecho al libre desarrollo de la personalidad deben proteger la libertad de elección de las metas humanas.

Parece que están surgiendo nuevos estereotipos: que a la mujer fuerte e independiente no le guste lo femenino ni le importe su físico, que no sea tierna, que coloque su trabajo y progreso material antes de las relaciones personales. Porque si una mujer es diferente, significa que aceptó la violencia simbólica. Es erróneo: cada persona tiene un proyecto de vida distinto, y tenemos el derecho de seguirlo, siempre y cuando no esté en contra de las leyes. Si una mujer quiere desarrollarse exclusivamente en lo laboral, lo puede hacer, pero si otra elige un camino distinto, está en todo su derecho.

Cuando cedemos en automático a lo políticamente correcto, es decir, a los movimientos y presiones en masa, ponemos en riesgo nuestra libertad y esencia única. Abundan los progresistas que se dicen defender la libertad a toda costa, pero atacan sin dudar a quien piensa distinto a ellos. ¿Fomentan, entonces, personas libres?

La mujer empoderada es la que se esfuerza por lograr sus metas. Las que ella decida, que por eso es libre. Y si un certamen de belleza figura entre sus anhelos, tiene el derecho a perseguirlo.

P.D. Existen, asimismo, concursos de belleza para hombres. Estos argumentos son a favor de ellos también.

Docente de primaria pública en Colima. Licenciada en Educación Primaria por el Instituto Superior de Educación Normal del Estado de Colima (ISENCO). sofiglarios@hotmail.com

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