¿Qué hacer? (II)

Sergio García Ramírez

Que operen el instinto y las buenas razones. Antes de que sea tarde

Aquí formulé una pregunta que agita la conciencia de millones de mexicanos, exasperados o desesperados, ciudadanos que reconocen la situación que padecemos y no se inclinan ante catecismos mañaneros: ¿qué hacer en este tiempo sombrío? Sabemos que la errática conducción de la República agravará nuestras dolencias, numerosas y crecientes. Urge encontrar soluciones que convengan y convenzan. Mencionaré algunas, que muchas voces proclaman.

1.Resistamos el desenfreno de la ilegalidad y el alud de las ocurrencias. La Constitución y la ley nos dotan con diversos medios legítimos para enfrentar al autoritarismo y rescatar el Estado de Derecho. Es preciso utilizarlos. Recurramos con tenacidad al juicio de amparo, las acciones de inconstitucionalidad, las controversias constitucionales, la justicia administrativa, la protección de las instituciones tutelares de los derechos humanos. Vayamos a los tribunales. No perdamos la esperanza. Un buen juez puede detener a un mal gobernante. Recordemos a los juzgadores y a los órganos autónomos cuál es la función que la República les ha confiado: preservar el Estado de Derecho, asegurar la democracia y garantizar los derechos de los ciudadanos. Las derrotas y las frustraciones no deben desalentar el empleo de esos medios de reclamación legítima. Lloverán las invectivas y las difamaciones contra quienes se defiendan así contra los desmanes. Que no nos venzan las descalificaciones. Hablamos de poner la ley y la razón en movimiento. Antes de que sea tarde.

2. Elaboremos un proyecto de reconstrucción que constituya verdadera alternativa frente al programa de demolición que impera. Hay planteamientos aislados, que impugnan los errores y atropellos de las propuestas oficiales. Pero no hemos forjado un proyecto alterno que gane la emoción y la voluntad de los mexicanos. No aludo a los planteamientos dispersos formulados —como respuesta a las arremetidas que padecen— por las mujeres, los empresarios, los científicos, los artistas, los periodistas, los campesinos, los obreros, los agobiados integrantes de la clase media, los enfermos y las víctimas del poder y la negligencia. Hablo de un proyecto que abarque a todos, haga valer las coincidencias y proporcione respuestas racionales a los problemas que nos agobian. En dos años no hemos corregido los desaciertos del pasado. Peor aún: han aumentado. Necesitamos una alternativa integral, razonada y convincente. Antes de que sea tarde.

3. Reintegremos la Cámara de Diputados y diversas instancias locales en las elecciones de 2021. Es preciso construir a fuerza de votos los frenos y contrapesos que necesitamos con urgencia, antes de que naufraguemos en el mar de los desmanes. Conocemos la extrema dificultad de reunir en un haz de ciudadanos, encauzados como una sola fuerza electoral, a militantes de partidos que se han combatido con encono. Sabemos que la sociedad civil no está organizada y recela de los políticos y de los partidos. Es cierto, pero ahora debemos remontar nuestras fobias y nuestras filias, declinar nuestros intereses personales o partidistas, aplazar los agravios del pretérito y mirar hacia el futuro. Para eso es indispensable unir fuerzas y sumar votos. Deben entenderlo los militantes y los dirigentes. Los peligros que corremos podrían amainar si rescata mos la Cámara de Diputados y varias gobernaturas y ayuntamientos. Si optamos por ventilar querellas internas y enarbolar intereses menores perderemos la oportunidad de frenar el autoritarismo, alentar la racionalidad y detener el derrumbe. Vale la pena intentarlo. Que operen el instinto y las buenas razones. Antes de que sea tarde.

 

Profesor emérito de la UNAM

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