Le picaron la cresta

Sergio García Ramírez

Existe un dicho sobre la picadura (piquete o picada) que recibe un gallo donde más le duele: “Le picaron la cresta”. Es decir, lastimaron su orgullo. Y más: lo pusieron en riesgo. Hay muchas formas de picar la cresta y diversas reacciones del gallo agraviado. En ocasiones bate las alas y se pierde entre las gallinas azoradas. Otras veces arremete contra sus agresores. Entonces las aves que lo rodean baten plumas y esperan el zafarrancho.

En nuestro medio hay confrontaciones que evocan aquellas picaduras. En este año, que requerirá toda nuestra voluntad y nuestro talento, se está montando el palenque. De la suerte de este encuentro dependerá, en buena medida, la suerte de la República. Esto es lo que se halla en juego. En los meses que comienzan deberemos reflexionar sobre el sentido y el destino de los comicios del 2021, así como acerca de las consecuencias que tendrá para nuestro país, colmado de tribulaciones.

Tres partidos políticos, con diversas ideologías, se aliaron para acudir a los comicios de este año. Con ellos acudirán amplios contingentes de la sociedad civil que no militan en ningún partido, pero han resuelto militar por México. ¡Por fin! Esta concertación debe ser formidable. Conseguirla supuso un enorme esfuerzo. Lo supondrá conservarla, al abrigo de tentaciones disolventes y arremetidas violentas. Los concertados —no faltará quien hable, desde su propia caverna, de un compló— se proponen actuar en el cauce de la Constitución. Todo dentro de este marco. Nada fuera.

Esta alianza de ciudadanos que ejercen sus derechos ha causado el furor de quien teme una ola creciente que afecte su poder omnímodo. Hubo reacción: donde era previsible y en la forma que cabía esperar, si se toman en cuenta antecedentes, temperamento y estilo. La picadura en la cresta del gallo generó en éste una respuesta tan inmediata como indebida. Arremetió el titular del Ejecutivo, el Jefe del Estado, el observador neutral e imparcial de la contienda —¡todo eso, nada menos!—, contra los partidos asociados y, de paso, contra la sociedad civil que se les ha unido. La emprendió contra los ciudadanos. Es su costumbre.

El personaje cuya altiva cresta recibió la picadura de los aliados, olvidó que no debe intervenir en los procesos electorales y cuestionó la legitimidad de la alianza. Aventuró la idea de que los aliados (que pretenden desembarcar el 6 de junio de 2021, convirtiendo la jornada electoral en “Día D” de la democracia) se proponen tomar por asalto el presupuesto de la Federación y apoderarse de los recursos de los pobres. A la invectiva presidencial seguirían los spots de odio en la televisión.

Ojalá que los aliados en esta concertación repliquen con datos fehacientes a la mano (a diferencia de esos “otros datos” con que se nos ha engañado durante mucho tiempo) cuál es el sentido de su alianza y qué pretenden conseguir. Es preciso que con una sola voz muy potente describan la crisis que enfrenta México y los errores y desvíos monumentales cometidos durante estos dos años, tiempo sombrío en nuestra historia reciente. Es necesario que expliquen, con unidad imbatible, el riesgo que corre la nación si no se contiene el desbordamiento del poder y no se modifica, con un ejercicio de cordura, el rumbo extraviado. Hay que decirlo con veracidad y firmeza, sin desmayo. No se trata de robar a los pobres, sino de impedir que se les roben, más todavía, el futuro y la esperanza.
 

Profesor emérito de la UNAM.
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