Tu genética personal es la clave para la respuesta al coronavirus

Sebastián Prida

Los tres principales elementos para volver a la normalidad que comúnmente se enlistan incluyen el encontrar una vacuna, hallar un tratamiento y saber si la enfermedad por coronavirus genera inmunidad, pero poco se ha comentado sobre cómo identificar a quienes tienen menor riesgo genético de presentar síntomas graves.

El SARS-CoV-2, el virus causante de la enfermedad por coronavirus o COVID-19, utiliza la “maquinaria” de nuestras células para replicarse. Su genoma, o el conjunto completo de su información genética, ha sido completamente descifrado en un proceso llamado secuenciación, y ha facilitado más de 90 investigaciones sobre vacunas contra el virus en todo el mundo. Además, mediante el estudio de nuestro ADN, podemos conocer la respuesta que tenemos ante la enfermedad.

Coronavirus vs. respuesta a la enfermedad: algunas personas infectadas no tienen síntomas, sin embargo transmiten la enfermedad.

En la población general existe una amplia gama en la forma en la que se presentan los síntomas por coronavirus. Por un lado, algunos pacientes se presentan con tos y fiebre, otros con síntomas gastrointestinales, pérdida del apetito o disminución del sentido del olfato, mientras que otros pacientes se encuentran en unidades de cuidados intensivos conectados a respiradores. Hoy en día sabemos que las personas con otras enfermedades conocidas o individuos mayores conforman la mayoría de las víctimas, sin embargo hay pacientes jóvenes y aparentemente sanos en situación crítica. Por ejemplo, a finales de abril, en la ciudad de Nueva York, de más de 11,800 muertes reportadas, 10 eran menores de 44 años y no tenían otra enfermedad. Esto puede deberse a que la severidad de la enfermedad está influenciada por una compleja interacción entre el SARS-CoV-2 y el sistema inmunológico de cada paciente, que por diferencias en su ADN tienen distintas respuestas a la enfermedad.

Ahora se empiezan a buscar pistas en el ADN de los pacientes. Los científicos están estudiando variaciones de ADN que expliquen por qué algunas personas infectadas no presentan síntomas graves. Los hallazgos podrían usarse para identificar a aquellos más susceptibles de presentar una enfermedad grave y a quienes podrían estar protegidos. En el caso del SIDA causado por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), una proporción de personas tienen resistencia a la enfermedad por una mutación del gen que codifica CCR5. Un descubrimiento similar en COVID-19 ayudaría a la planificación del regreso a la nueva normalidad.

Una empresa de genómica y biotecnología con sede en California, 23andMe, lanzó un estudio para ayudar a explicar por qué las personas que contrajeron COVID-19 tienen respuestas tan variadas a la enfermedad. Están utilizando la información genética de más de 8 millones de personas que han otorgado su consentimiento para comprender la biología de la enfermedad. Al mismo tiempo un equipo del UK Biobank está planeando un estudio en pacientes menores de 50 años sin enfermedades conocidas que han sido ingresados a unidades de cuidados intensivos.
Probablemente, estas iniciativas permitirán conocer regiones específicas de nuestro ADN que son responsables de la respuesta que tenemos ante la enfermedad por coronavirus, y así poder identificar a las personas con mayor riesgo genético y buscar nuevos posibles tratamientos.

Otras herramientas genómicas para comprender el SARS-CoV-2

La pandemia de COVID-19 se ha extendido a más de 180 países con más de tres millones de casos confirmados, lo que ha impulsado a la comunidad científica a buscar el origen del virus.
Los epidemiólogos genómicos, por un lado, están estudiando los factores genéticos, su interacción con factores ambientales y su influencia sobre la salud y la enfermedad en la población. Por ejemplo, un controversial análisis sugiere que la variante del nuevo coronavirus que circula en América del Norte y Australia es más antigua que la que apareció en Wuhan, China, donde se originó la pandemia a finales de diciembre.

A inicios de la pandemia, el conjunto completo de los genes que conforman al SARS-CoV-2, fue completamente descifrado por científicos chinos a menos de un mes desde que se detectó el primer caso de COVID-19. Publicaron el primer modelo del virus en GenBank, una base de datos en línea ampliamente consultada por la comunidad científica. Desde entonces, diversas iniciativas como el COVID-19 Genomics UK Consortium en el Reino Unido, los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades en Estados Unidos, deCODE Genetics, Genome Canada, y el Centro de Comando y Control COVID-19 en los Emiratos Árabes Unidos, han adquirido fondos millonarios para aumentar la capacidad para comprender el genoma del SARS-CoV-2. De igual manera, en México, la Secretaría de Salud ha reunido a un equipo de investigadores del INDRE, de la UNAM y del IMSS para descifrar el genoma del virus que se encuentra en nuestro país.

A raíz de esto, ha existido una gran colaboración internacional para el intercambio eficiente de datos a efecto de hacer frente a la pandemia. La Universidad de Helsinki, ha creado un centro de intercambio de información llamado Covid-19 Host Genetics Initiative para compartir los datos genéticos de diversos proyectos. En su conjunto, estos planes y otros esfuerzos, han facilitado más de 90 investigaciones sobre vacunas contra el SARS-CoV-2 en todo el mundo, seis de ellas se encuentran en estudios de seguridad en humanos.

Aunque existen desigualdades entre países de ingresos altos, medios y bajos, y se esperan más epidemias en el futuro, la comunidad científica tiene un plan de acción, una receta para la colaboración y una infraestructura digital para hacerlo llegar a todo el mundo. Si bien ahora debemos continuar con las medidas de contención, hay optimismo razonado para poder conocer nuestro riesgo de enfermedad. Una vez que se definan qué factores en nuestro ADN especifican la severidad de nuestra respuesta individual a COVID-19, estará en nuestras manos hacernos los estudios individuales para determinar el grado de riesgo que estamos corriendo cada uno de nosotros. Los presuntos avances presentarán nuevos retos, se pone sobre la mesa nuevas incógnitas morales. Cuando todos estemos enfocados en protegernos.

personalmente, sin importar la propagación del contagio, ¿será el gobierno o la iniciativa privada los encargados de procurar el bienestar de la población en general?

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