Rosario Robles, la justicia y el machismo

Saskia Niño de Rivera Cover

Su voz no suena como la de antes. Sigue siendo una mujer echada para adelante, pero la cárcel cambia a cualquiera. El encierro es duro y solitario. Más en tiempos de pandemia.

Rosario Robles ha decidido hablar. Cooperará con la FGR y buscará acogerse a la figura de “testigo colaborador”.

“Esta decisión quizá es la más difícil que he tomado en toda mi vida”. “Estoy con mucha angustia, en especial por mi hija Mariana, por todo lo que ella está viviendo y viendo cómo sacar dinero para seguir pagando mi defesa”. “Estoy acorralada”. “Pero no quiero mentir nada más para salir”. “Esto es lo más difícil que he vivido en mi vida.”

La exsecretaria lleva más de un año tras las rejas. De visitas, recibe muy pocas: su hija Mariana y su defensa. De sus excompañeros de gabinete, nada. Como ruido ambiente, de fondo, las voces de otras internas en el penal femenil de Santa Martha Acatitla.

Robles sigue en prisión por un delito que no le ha sido comprobado y cuya acusación no amerita prisión preventiva. Más allá de los delitos que se le imputan y su responsabilidad o no en ellos, su caso es uno más en la larga lista de señalamientos donde la perspectiva de género es letra muerta.

Su historia política, que avanzó entre hombres, parece toparse con la pared del machismo.

Yo no sé si la primera mujer en ocupar la Jefatura de gobierno es inocente o culpable. No es la intención de este texto ahondar en su responsabilidad o exculparla. Lo que sí es evidente es que Robles ha sido víctima de una violencia de género aplicada con toda la fuerza por el Estado, donde los principales artífices han sido no sólo los encargados de impartir justicia en el Poder Judicial, sino también quienes desde la Fiscalía General de la República y hasta el Poder Legislativo, a través de un juicio político donde solo su caso vio luz de entre una lista de más de 100 funcionarios y exfuncionarios señalados. La única mujer, ha sido la única enjuiciada por la Cámara de diputados.

En la política mexicana, su caso es ejemplo del machismo que predomina en la sociedad y sobre todo en las esferas de poder: los que están en las mesas de negociación y en los puestos clave de la toma de decisión son hombres que, no pocas veces, se encubren y protegen entre sí. Robles no parece tener esa red de protección. Quien fuera su mano derecha, su exoficial Mayor, Emilio Zebadúa, a quien le habrían sido encontradas extrañas triangulaciones de recursos y gastos no justificados, es su principal acusador. Ella, nos asegura, no tiene dinero ni para los abogados.

¿Cómo es posible que Rosario Robles sea la única persona en la cárcel por la trama de la ‘Estafa Maestra’? La investigación que incluye a 11 dependencias públicas y 8 universidades ¿sólo tiene a una mujer tras las rejas?

¿Hay otro nombre, de algún político, exfuncionario o rector de universidad pública salpicado por este caso? Más aún, como en pocos casos, el nombre y rostro de la señalada ha sido constantemente difundido y publicado, haciendo un lado el debido proceso.

He entrado y salido de las cárceles del país y trabajado principalmente con mujeres. Los casos plagados de machismo que cuentan las historias de quienes hoy cumplen sentencias en las prisiones mexicanas son de película de terror.

Insisto, no se trata de culpabilidad o inocencia. No en estas líneas. Se trata de un Estado de Derecho que pueda garantizar un sistema equitativo que funcione donde solo así pueda existir el debido proceso. El promedio de sentencia en años de mujeres, es de 23.5 y en hombres de 17.5; seis años más. El promedio de inversión económica en la defensoría particular en mujeres es de $155,593.43 en comparación con los hombres que es de $100,521.58; una diferencia de $55,071.85 (Diagnóstico sobre la Percepción del Desempeño de la Defensoría penal en México). Mientras prevalezca la ausencia de perspectiva de género, la justicia será solo falacia.

Presidenta de Reinserta

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