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La fertilidad de los traumas: una historia de horror sobre la maternidad en prisión

08/04/2020
04:41
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“N” tiene 32 años de edad y está presa en el Reclusorio Femenil de Santa Martha Acatitla en la Ciudad de México por el delito de infanticidio diversos 2.

Su historia no es muy distinta a la de muchas mujeres que están detrás de las rejas en nuestro país.

La violencia y la pobreza son factores que rigieron su infancia y adolescencia. En el caso de “N”, una mujer migrante, podemos agregar el factor de la búsqueda del “sueño americano”.

Salió de Nicaragua para cruzar México y llegar “del otro lado”. Un día se cansó de su realidad y decidió cambiarla. Seguir viviendo bajo la violencia de su papá y el hambre, dejo de ser opción para ella, y emprendió la ruta.

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Su intelecto es limitado, el deseo por el amor y la familia es enorme, y la cárcel no es un obstáculo para ella.

“Cuando llego a México empecé a trabajar en casas en Chiapas y Oaxaca haciendo limpieza. Casi siempre me terminaban corriendo porque terminaba embarazada. Algunos bebes los tuve y otros los perdí.

“Mi primera hija, “S”, que sí nació bien, falleció a los dos años. Por ella es que estoy aquí. Después de ella tuve una hija, “A”, que dejó de respirar a los dos meses de nacida”, relata.

Los hombres entraban y salían de su vida rompiendo el sueño de crear una familia, pero el papá de su primera hija, se quedó.

Un día, cuando su pequeña que murió de dos meses -cuyo nombre no recuerda- acababa de fallecer, entró a su casa y vio a “S” tirada en el piso.

“Estaba tirada en el suelo de la casa. No se movía. Tenía los ojos muy feos, no sé cómo explicarle, pero sí le puedo decir que seguía viva”, narra.

Fue a buscar a su vecina para solicitar ayuda. Al ver el cuerpo de su hija prácticamente inerte, la vecina habló a la policía que, al llegar al domicilio, se llevó a “N” y su pareja, “J” arrestados.

“S” murió a consecuencia de una violación. Al llegar a la cárcel, “N” se dio cuenta que estaba embarazada. Nada la podía hacer más feliz porque, me cuenta, “yo sabía que así mi esposo nunca me iba a dejar”.

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Desde Reinserta, organización que trabaja con la maternidad en prisión, tan pronto nació el bebé, comenzamos a trabajar. Temíamos que la historia se repitiera y desafortunadamente no estábamos equivocadas.

El DIF entró en el 2019 a retirar a “E”, el menor, del Reclusorio con 2 años de edad por reportes de violencia y negligencia. Hoy vive en una casa hogar y está esperando una resolución para ser dada en adopción. El daño es irreversible. La historia, brutal. Demoledora.

Su mamá la llevaba a las visitas conyugales (cada quince días visita a “J” en el Reclusorio varonil, es su derecho) y, a través de estudios que se le han aplicado por cuestiones jurídicas, detectamos abuso sexual a sus escasos dos años.

“Me llevaba a “E” a ver a su papá a las visitas cada quince días para que al menos durmiera con él una noche”, me explica.

La maternidad en prisión no es un tema prioritario para las autoridades de nuestro país.

Es un tema complejo porque pone en la palestra de la discusión el derecho superior del menor o de la madre, cuestiona nuestro sistema garantista de respetar los derechos humanos y priorizar la reinserción social, y la maternidad en prisión, no solo de los niños y niñas que viven en cárceles con sus mamás, sino de todos esos menores que se quedan solos una vez que su madre es privada de la libertad.

En México el derecho a la maternidad no es cuestionado, así como tampoco los juzgados otorgan medidas especiales a quienes son madres y están en una situación jurídica penal.

¿Qué condiciones deben tener los niños que viven en las cárceles? ¿Debemos restringir la maternidad en prisión al delito por el cual la mujer ingresa? ¿Quien debería cuidar de los menores que están dentro de los penales de nuestro país? ¿Como podemos ayudar a las mujeres madres en prisión a brindar a sus hijos e hijas las mejores herramientas de desarrollo? Los cuestionamientos son infinitos.

“N” está embarazada otra vez. Se embarazó de “J” en una de las visitas conyugales. Esperemos que esta vez decidamos ser una Nación que protege a su infancia y no se repita la historia.

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