El motín de Apodaca: regresan los miedos del Topo Chico

Saskia Niño de Rivera Cover

Pedro es un sobreviviente del Topo Chico y hoy se encuentra privado de la libertad en el penal de Apodaca. Temía revivir aquel capítulo de su vida, en el que vivir al interior de un penal podría ser cuestión de vida o muerte. Al interior del Topo Chico se respiraba un ambiente corrupto, donde la autoridad a cargo del centro eran los delincuentes. Pedro, en resumen, vivía en constante terror e incertidumbre.

Conocido por la corrupción imperante, las extorsiones permanentes, las pugnas por tener el control del penal, la desaparición de cuerpos, la manufactura de droga, el Topo Chico experimentó uno de los eventos más violentos dentro de una cárcel mexicana, un 10 de febrero en 2016, dejando a 49 personas muertas, niñas, niños y mujeres afectadas por aquel traumático evento.

Hoy el Topo Chico pinta para ser una cuestión histórica en Nuevo León, pues el penal cerró sus puertas en 2019 tras una serie de esfuerzos titánicos por las autoridades de aquel tiempo, permitiendo reducir significativamente la incidencia delictiva en el Estado. Para cerrar el Topo Chico tuvo que haber distribución y traslados masivos donde muchos de aquellos privados de la libertad fueron a cumplir su sentencia al penal de Apodaca.

Hoy con el nuevo gobierno del estado se presenta un desafío importante para las autoridades: “mantener el control, el orden y la disciplina al interior de los Centros Penitenciarios, para evitar que quienes pertenecen a los grupos delictivos no puedan acceder al más mínimo control del penal”.

El motín del 7 de enero en Apodaca revive la historia del Topo Chico: la división entre los grupos organizados al interior del penal disputando el control de la plaza llamada “Centro de Reinserción Social Norte (Apodaca)”.

El motín deja ver la cara más vulnerable al interior del penal: la población general, aquellos a quienes nuestro fallido sistema de justicia penal ha decidido sentenciar porque es incapaz de brindar justicia en formas alternas que no sean la cárcel. Esta población se manifiesta para poner un alto a la violencia pues no quieren revivir a la incertidumbre de hace casi seis años. Llevan ya tres años de tranquilidad y están suplicando para evitar que la delincuencia organizada sea amo y señor de aquella cárcel.

Es hora de crear conciencia: lo que sucede al interior de una cárcel impacta positiva o negativamente en nuestras vidas.

Es hora de voltear a ver a las cárceles del país para que sean “nuestras cárceles”: lugares de verdadera reinserción social.

Es hora de apoyar a las autoridades para que no cedan control ni espacios a la delincuencia organizada en el trabajo constante de crear un México libre de violencia.
 

Presidenta y cofundadora de Reinserta

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