Metáfora 2: ¿Quiénes son los culpables?

Sara Sefchovich

En cuanto llegó a la presidencia, Donald Trump destruyó el sistema de salud pública con el pretexto de que era muy caro para el Estado y que las compañías de seguros y las farmacéuticas se enriquecían a su costa. Como escribió entonces un analista: “Este asunto de la reducción de gastos es un ejemplo mayúsculo de la tontería, de la incapacidad de prever y de la idea de pensar que gastar menos es mejor que gastar en lo que se debe gastar.”

Esto resultó muy cierto ahora con la pandemia. Según Siri Hustvedt, premio Princesa de Asturias de las Letras: “Para reducir gastos, el gobierno de Trump disolvió en 2018 el equipo estadounidense encargado de la respuesta a las pandemias”. Y por eso, cuando se vino encima el problema, lo que hizo fue primero restarle importancia, y después mentirle a la ciudadanía diciéndole que el virus desaparecería por el clima cálido o que el medicamento contra la malaria ayudaría a combatirlo y “ha divagado sobre una decisión y luego otra.”

Dice Daniel Kahneman, quien ha dedicado su vida a estudiar cómo las personas tomamos decisiones, que cuando pasan cosas inesperadas nos desorientan, sobre todo si son nuevas, porque hacemos nuestras predicciones por semejanza. Así lo explica Michael Shermer: “Los humanos hemos evolucionado para ser buscadores de patrones repetitivos”. El escritor Martín Caparrós afirma que en esta crisis los dirigentes “no tienen antecedentes que les sirvan para tomar las decisiones adecuadas, no tienen manuales ante lo extraordinario, entonces la improvisan y administran como pueden.” Sin embargo, como demuestra Hustvedt, los antecedentes existen, pues ha habido pandemias similares, aunque los dirigentes no los conozcan o no tengan “la mínima memoria del pasado”.

Y no los conocen porque, sigue diciendo Siri, el problema está en que hacen cosas como la que hizoTrump: “Ha despedido a burócratas, científicos y diplomáticos experimentados y ha llenado su gobierno de adulones incompetentes y serviles”, sin entender que lo que se necesita es exactamente lo contrario: la crítica informada, la opinión del experto.

Por eso, como asegura el New York Times, “aunque al presidente se le advirtió lo que se venía, su fe en su propio instinto lo hizo desestimar la seriedad del virus”. Y como ya se vio, el resultado fue terrible pues no se preparó al gobierno ni a los ciudadanos para la pandemia, no se consiguieron los insumos necesarios ni se decretaron a tiempo las medidas pertinentes.

Y cuando por fin no le quedó otra que admitir la gravedad del asunto, Trump se justificó diciendo que su papel es mantener el buen ánimo de la población y aseguró que “vamos a salir fortalecidos de esta experiencia.”

El Nobel Kahneman afirma que nuestras decisiones son de dos tipos: racionales e intuitivas, y éstas más que aquéllas, porque nuestra mente tiene excesiva confianza en lo que creemos saber e incapacidad para reconocer las dimensiones de nuestra ignorancia. Por eso somos propensos a sobreestimar lo que entendemos del mundo y ciegos para lo que no, así sea evidente. Y además, somos ciegos respecto a nuestra ceguera.

Sobre la situación actual dice: “Si analizamos a Trump, sus juicios y decisiones se pueden describir como afectivos pues son directamente regidos por sentimientos de agrado y desagrado con escasa deliberación o razonamiento.

Y es que, como dicen tanto Siri como el New York Times: a Trump lo único que le interesa es dominar las pantallas de la televisión y la conversación nacional.

Solo que dadas las dimensiones de la tragedia, y para descargar su responsabilidad, se ha dedicado a buscar culpables: la oposición demócrata, el presidente anterior, los gobernadores de algunos estados, los medios de comunicación (sobre todo algunos comunicadores críticos que no le gustan) y hasta la Organización Mundial de la Salud han terminado convertidos en los enemigos a combatir.

Escritora e investigadora en la
UNAM. [email protected]
www.sarasefchovich.com

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