La reforma a la Ley Federal de Protección a la Propiedad Industrial (LFPPI) llega en el momento justo, en un contexto en el que nuestro país se aproxima a momentos decisorios de su historia moderna, particularmente con la revisión del T-MEC y la ampliación del Tratado de Libre Comercio entre México y la Unión Europea (TLCUEM).
El proceso legislativo, aunque conocido, vale la pena recordarlo: el proyecto de reforma a la LFPPI, que presentó la Presidenta de la República, la doctora Claudia Sheinbaum Pardo, ante el Senado, por medio de la Secretaría de Gobernación en septiembre de 2025, fue aprobada por las comisiones unidas de Economía y Estudios Legislativos Primera, de la Cámara de Senadurías, a principios de marzo de 2025. Destacan dos hechos: se aprobó por unanimidad y, producto del diálogo deliberativo, sufrió modificaciones (puedo juzgar que atinadas) con respecto al proyecto que se presentó el 15 de septiembre de 2025, lo que denota que fue debidamente calibrada y analizada por las y los senadores de la República.
En el pleno del Senado se votó también por unanimidad, y acto seguido se remitió a la Cámara de Diputaciones en donde siguió el mismo camino: el proyecto se votó a favor por unanimidad en Comisiones y en el Pleno. Esto último sucedió el 18 de marzo, fecha emblemática para el Estado Mexicano y en la que conmemoramos la expropiación petrolera que impulsó uno de los grandes transformadores de nuestro país como lo fue el insigne michoacano Lázaro Cárdenas.
Esta reforma abre el camino y sienta las bases para que nuestro país se convierta en una potencia en materia de tecnología e innovación como lo explica el Plan México, al prever diferentes figuras como la solicitud provisional de patentes en México, la reducción de diferentes plazos en materia de patentes y marcas –destacando el hecho de que las solicitudes de patentes en examen de fondo deben resolverse en un plazo de un año–; la inclusión del Ambushmarketing como una infracción administrativa; sancionar el uso de la Inteligencia Artificial (IA) en diferentes conductas; así como la incorporación de las figuras de restablecimiento de derechos y de restauración de un derecho de prioridad que permiten a México suscribir el Tratado de Riad sobre el Derecho de los Diseños adoptado en 2024, entre otras de igual importancia.
Además, cosa no menor, abre el camino para publicar el tan ansiado y esperado Reglamento de la LFPPI que desde 2020 es una asignatura pendiente para la propiedad industrial en México y que forma parte de las observaciones que la Oficina del Representante Comercial de los Estados Unidos (conocida como USTR por sus siglas en inglés) formuló en el Reporte 301 y que desafortunadamente nos tiene en la Priority Watch List. El Reglamento hoy está a punto de concretarse gracias al esfuerzo de diferentes dependencias de la Administración Pública Federal que han contribuido a dar forma a un proyecto de Reglamento que coordina el IMPI en conjunto con la Secretaría de Economía.
Referí que la reforma se aprobó por unanimidad en ambas Cámaras del Congreso de la Unión y esto responde a que el proyecto se redactó no en clave política, sino técnica, es decir, se hizo pensando en que las mejoras propuestas fortalecerían la propiedad intelectual y a todo el ecosistema. Sobre estos últimos, cabe destacar que se sostuvieron mesas de trabajo y sendos diálogos con organizaciones de la sociedad civil, personas académicas y personas expertas independientes para consolidar el proyecto de reforma, teniendo un papel destacado el Consejo Consultivo del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial que conformó la Junta de Gobierno del IMPI en su primera sesión extraordinaria de 2025 que presidió el Secretario de Economía, Marcelo Ebrard Casaubon, y que se ha convertido en un aliado importante para fortalecer la cultura de la protección de la propiedad industrial.
Su reciente publicación (el 3 de abril de 2026) en el Diario Oficial de la Federación constituye un ejemplo claro y contundente de que en México existe voluntad para impulsar la tecnología y la innovación. Así, debemos dirigir nuestras fuerzas en ese sentido y no desandar este camino que puede impulsarnos a los primeros lugares en materia de invenciones y, con ello, mejorar nuestra calidad de vida; porque no existe transformación sin esperanza, y esta última se alimenta con nuestros sueños y, principalmente, con nuestra capacidad de innovar y construir un mejor futuro.

