¿Qué se viene en el caso Cárdenas Palomino?

Sandra Romandía

¿Tendrá un impedimento el aparato de justicia mexicano para no investigarlo por estos delitos en su país? ¿Esperarán a que EU lo haga?

Una mañana del año 2008, los hombres del cártel de los Beltrán Leyva se aparecieron en las oficinas de un templo católico en la zona del Pedregal, al sur de la Ciudad de México. Llegaron en camionetas. Ahí se encontraron con los hombres de Luis Cárdenas Palomino, entonces coordinador de Inteligencia en Prevención del Delito de la Policía Federal. Llevaban una maleta con efectivo que entregaron como el pago por una supuesta protección para los miembros del grupo delincuencial, entonces aliado al Cártel de Sinaloa.

Esta anécdota la narró un Sergio Enrique Villarreal, alias el “El Grande”, acusado de trasiego de drogas, detenido y procesado en Estados Unidos. Sus declaraciones incluyen descripciones de esta y otras escenas, como una vez que  funcionarios  federales les ayudaron a escoltarlos desde el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México a una gasolinera cercana, que era el punto para entregar maletines con dinero.

Estos señalamientos, que obran en expedientes en poder de las autoridades de Estados Unidos y de inteligencia en México —y a los que esta columnista tuvo acceso— coinciden con acusaciones de Édgar Villarreal, "La Barbie", quien trabajó para la misma célula entonces al servicio de los de Sinaloa y quien describió que tenía enlaces con Cárdenas Palomino y Genaro García Luna para estar protegidos.

García Luna, el superpolicía procesado en una corte de Brooklyn, en Nueva York, tenía como su otro brazo ejecutor a Ramón Pequeño, un tercero a bordo, quien trabajaba de la mano con ellos dos en los operaciones, estrategias y demás actividades dentro de la entonces Agencia Federal de Investigación, y luego en la Policía Federal, hoy disuelta por el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Fuentes que estuvieron en esa corporación —con las que he podido hablar— señalan a los tres personajes de crear el grupo secreto “Los 100”, en el que operaban de manera discreta para favorecer a un cártel. En ese círculo habrían participado también escoltas del actual secretario de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México, Omar García Harfuch.

Llama la atención que el reciente arresto, el pasado 7 de julio, de Cárdenas Palomino, se deba a una acusación de tortura contra presuntos secuestradores de la banda Los Zodiacos en 2012 —entre ellos Mario Vallarta—  y aún no haya información sobre  algún proceso por su vinculación con el Cártel de Sinaloa o nexos con el crimen organizado.

En todo caso, la detención de este personaje que tuvo sus tiempos brillantes en la época de Felipe Calderón —cuando incluso fue condecorado— tiene implicaciones más amplias. Uno, si el caso de la banda Los Zodiacos se caerá y por tanto salpicará esa pifia al expediente de Israel Vallarta, hermano del presunto torturado, acusado en 2005 junto con la ciudadana francesa Florence Cassez de dedicarse también a secuestrar. Él lleva 16 años en prisión sin sentencia, mientras que ella libró la prisión no como inocente, sino por violaciones al debido proceso.

Dos, si van a revisarse los casos de tortura de varios mandos en la época del ex presidente Felipe Calderón, Enrique Peña Nieto y el gobierno actual. Hay varios nombres señalados en carpetas por este delito, entre ellos el del general Felipe de Jesús Espitia Hernández, quien en el Operativo Conjunto Chihuahua en 2008 torturó al entonces menor de edad Óscar Kábata, quien lo reconoció en el cuartel mientras recibía golpes y violaciones. Desde entonces el joven ha exigido justicia, mostrado los elementos de prueba, y no se ha procedido contra ese mando.

Tres, si el proceso de Cárdenas Palomino terminará en México o será extraditado a Estados Unidos donde sí se ha mencionado por sus vínculos con el crimen organizado en el juicio contra García Luna por traficar cocaína a ese territorio norteamericano. 

¿Tendrá un impedimento el aparato de justicia mexicano para no investigarlo por estos delitos en su país? ¿Esperarán, una vez más, a que Estados Unidos lo haga? ¿Se indagará a toda esa cúpula policial, incluyendo los demás mandos que estuvieron en esas tareas?

Quizás podríamos adivinar desde ya esas respuestas. 

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