¿Por qué Carso salió (casi) “ileso” de la tragedia en la L12?

Sandra Romandía

La operación para no afectar la marca se realizó con pinzas y el resultado fue una cicatriz apenas visible

El primer fin de semana de septiembre, el presidente Andrés Manuel López Obrador y el magnate Carlos Slim sobrevolaron en helicóptero una de las zonas de construcción del Tren Maya. Una tormenta repentina hizo maniobrar al piloto para ponerse a salvo.

Nunca sabremos lo que comentaron en ese incidente. Lo que sí, es que para entonces ya tenían un pacto: sacar adelante el tema del derrumbe de la Línea 12 del Metro de la Ciudad de México de la manera más discreta posible para que la marca Carso no saliera raspada, a pesar de que una de sus subsidiarias, CICSA (Carso Infraestructura y Construcción), intervino en la construcción del tramo elevado que colapsó en mayo de este año, y por lo que murieron 26 personas.

¿A qué acuerdo llegó Carlos Slim con el Presidente?

Cuando recién ocurrió la tragedia, algunos personajes clave se pusieron a temblar por el costo político que el desenlace de la investigación sobre los culpables traería consigo. En la oficina de la entonces directora del Metro, Florencia Serranía, pusieron los ojos desde un inicio en lo que, dijeron —antes de los peritajes—, era obvio: CICSA no hizo bien su trabajo. Lo obvio sería que se hiciera responsable, pagara, reconstruyera y enfrentara las consecuencias penales de ello. Lo más difícil: pactar el monto. La incógnita: si el grupo enfrentaría los costos de imagen a su marca, no solo en México sino en el extranjero.

Hay que recordar que las principales empresas en México de Slim son con las que hace negocio con la federación como CICSA con Pemex; ICA con la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) y Dos Bocas; GSM Bronco con Pemex, Condumex con la Comisión Federal de Electricidad (CFE), entre otras.

Solo su participación en el Tren Maya, Dos Bocas, aeropuerto y penitenciarías representa alrededor de 122 mil millones de pesos.

En otros países también construye obra pública como en Panamá en el canal, carreteras, puentes y hospitales; territorio donde, por cierto, sus empresas son investigadas por corrupción. En Colombia también hay indagatorias judiciales y el Banco Mundial sancionó a una de sus subsidiarias.

En total, en el grupo son más de 50 compañías esparcidas por México y el mundo.

Slim se adelantó a patear el balón y llegó a un acuerdo con el gobierno de la Ciudad de México para anunciar que pagará por los daños e indemnizará a las familias, en una estrategia de control de crisis que le salió cara. No le convino generar una mala percepción de sus obras a nivel nacional e internacional. Pero, eso sí, se dijo inocente. Si la compañía no tuvo la culpa, ¿por qué pagará millones de pesos por reconstruir el tramo colapsado y reforzar otros?

En Palacio Nacional el interés es distinto. Fuentes cercanas a López Obrador aseguran que lo que a él le preocupaba era una posible polémica que generara un retraso en la construcción del Tren Maya y Dos Bocas.

Para el Presidente ambas obras se están convirtiendo en su obsesión, así que dio la línea de que se ejerciera acción penal para no dar la imagen de impunidad, pero sin dañar a Slim.

Así fue como hace unos días la Fiscalía local dio a conocer 10 nombres contra quienes pesaría la responsabilidad. Todos fueron funcionarios del gobierno de Marcelo Ebrard, quien de manera personal también resultó “extrañamente a salvo”.

¿Y los demás?

Por parte de Carso, el plan de inspección y los reportes visuales del tramo Tláhuac-Mixcoac fueron certificados por un ingeniero de nombre Mario Martínez Reyes, jefe del Área de Control de Calidad. A través de este departamento realizaron controles para la revisión de los pernos (cuya pésima colocación habría provocado el colapso). Otro ingeniero de la empresa de nombre Hernán Rodríguez Reyes emitió las cartas para validar la información de la calidad en la colocación de las trabes y supervisó pruebas en el concreto de las losas. Tampoco figura en los expedientes judiciales.

Si hay algo evidente es que la operación para no afectar la marca se realizó con minúsculas pinzas y el resultado fue una cicatriz apenas visible.

Lo triste de esto es que el foco no debería ser la política, ni el dinero, ni las inversiones, ni la imagen de una marca: sino la vida de 26 personas.

El Tren Maya podrá estar en tiempo, Carso continuar ganando proyectos en México y en el mundo, pero en decenas de hogares habrá un luto porque alguien no hizo bien su trabajo y, para variar, no pagará las consecuencias de ello.

 

@Sandra_Romandia
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