En la calle Ricardo Domínguez 26, en la colonia Tamborrel, de , está un edificio de tres niveles con balcones barrocos y paredes de azulejos del mismo estilo color marrón. Sólo el de abajo está habitado, donde hay una lona: “Pérez Rubio Seguros”. En los superiores se lee: “se renta”.

Según cuentas bancarias en BBVA del Fideicomiso Maestro del Sistema de Transporte Colectivo Metro (FiMetro) —creado para canalizar los recursos por el aumento del boleto— en marzo de 2021 se pagó la cantidad de 5 millones 171 mil pesos a la empresa Sitting Bull con ese domicilio. El acta en el Registro Público del Comercio se explica que el giro original para el que esa empresa fue constituida es “venta y preparación de cortes de carne”. Pero en el edificio nadie sabe sobre una relación con el

A 290 kilómetros, en , en la colonia Villa San Agustín Atlapulco, está el domicilio fiscal de Luis Rodolfo Sandoval a quien se le transfirieron 5 millones en febrero. En la casa de color disparejo atiende un hombre que confirma que Luis vive ahí, pero que “tiene un horario irregular”. ¿Un proveedor que recibe esa cantidad en un mes habita esa sencilla vivienda?

Estos dos casos no son los únicos. En el reportaje “Fideicomiso Maestro del Metro da contratos millonarios a empresas irregulares”, publicado este jueves por Santiago Alamilla, Mariana Betanzos y esta columnista en Emeequis , contamos que al hacer una revisión aleatoria a domicilios de las personas físicas y morales que han recibido dinero este año se hallaron casas en zonas marginadas, pequeños departamentos, minioficinas, o las direcciones no existen. El monto pagado en 2021 de esa muestra suma 80 millones.

La realidad es que este fideicomiso, cuyo origen tanto dolió a los capitalinos por el aumento de 3 a 5 pesos del viaje en Metro en 2013, se maneja entre la opacidad, anomalías y pagos millonarios a extraños proveedores. No se han cumplido 10 de los 11 compromisos para los que se creó.

Los contratos y transferencias que están públicos son un rompecabezas sin sentido que enciende la alarma sobre el posible desorden de finanzas en el Metro y que refleja una duda sobre si lo mismo ocurre en procesos de mantenimiento, protocolos y administrativos.

La justificación de la Dirección del Sistema Colectivo Metro , vía Comunicación, fue que algunas transferencias están clasificadas como “adefas”, pagos pendientes anteriores no pactados con esta administración, pero no mostraron la autorización de la Secretaría de Finanzas que debe estar en la Cuenta Pública.

Fuentes internas afirman que algunos de estos proveedores son pequeños talleres que maneja desde hace años el y venden refacciones tan antiguas que las hacen hechizas y caseras.

En caso de que fuera cierto, no sé qué sería más escandaloso: que un sistema como el Metro se provea de pequeños talleres y artesanos “conectados con el sindicato”, que el sindicato tenga esa capacidad de manejo del dinero, o las dos anteriores juntas.

No es un secreto que Espino ha controlado parte del presupuesto y nómina del Metro desde hace décadas, de hecho 15 familiares suyos reciben un sueldo.

Lo que no podría entenderse es que, si existe una Dirección del Metro, apoyada por la administración de la , Claudia Sheinbaum , no se logre poner fin a una mafia.

La justificación sobre los pagos a empresas con domicilios anómalos es que se debe a contratos pactados en tiempos del jefe de Gobierno Miguel Ángel Mancera. Lo que resulta no creíble es que los pagos sigan fluyendo, por la razón que sea.

Entonces se entiende por qué cuando hay una tragedia en el Metro el dedo del responsable apunte a los anteriores, y los anteriores a los anteriores. Si no se pone fin a las estelas de corrupción solo hay dos razones: o se es incapaz o se siguió dentro de ella.

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