La mano del CJNG sobre el gas LP y la CDMX

Sandra Romandía

Sin enaltecer a estos delincuentes, se reconoce que no han dejado de poner el dedo en el renglón en cuanto a aspirar a controlar la capital mexicana

“Llévalos a un punto del que no puedan salir, y morirán antes de poder escapar”, escribió Sun Tzu sobre la importancia de rodear y crear cinturones que poco a poco aprieten más el territorio que quieren conquistar. 

Y es así. Guardando las proporciones, el Cártel de Jalisco Nueva Generación ha intentado entrar a la Ciudad de México por varias vías: primero tocando la puerta al grupo de la Unión Tepito, misión en la que no tuvo éxito. Después, conformando una propia organización, la llamada Antiunión de Tepito, liderada por Jorge FloresEl Tortas”, cuyo fin era desaparecer al primer grupo para abrir el paso a los de Jalisco desde los barrios del centro de la capital del país, que históricamente han sido un punto neurálgico de control de drogas y operación de otros delitos. 

Pero tampoco ha podido.

También lo intentó por el suroriente donde se alió con el Cártel de Tláhuac, pero finalmente éste se ha ido desmantelando poco a poco en los últimos dos años. 

Reportes de inteligencia también indican que empezó una limpia e inserción en pandillas de la Gustavo A. Madero y otras del oriente, aunque no ha logrado conformar un grupo poderoso.

Sin enaltecer a estos delincuentes que dejan a su paso estelas de sangre, compra de autoridades y tragedias en familias inocentes, se reconoce que no han dejado de poner el dedo en el renglón en cuanto a aspirar a controlar la capital mexicana.

Desde hace dos o tres años, calculan fuentes de inteligencia, el Cártel de Jalisco Nueva Generación ha mantenido una base en el municipio de Tizayuca, Hidalgo, limítrofe con el Estado de México, y conocido como una “ciudad dormitorio" de quienes trabajan en la zona metropolitana de la Ciudad de México y no pueden acceder a una vivienda en el casco urbano. 

Reportes de investigaciones federales registran que el grupo jalisciense mantiene una alianza con los llamados “Tizayucos”, una banda que se ha ido expandiendo hacia zonas clave del Estado de México que rodean la “Ciudad de los Palacios”.

Los informes policiales mencionan que ellos controlan a los comisionistas y vendedores de gas LP que impulsaron el paro en días recientes que llevó a varios establecimientos a cerrar por carecer del combustible.

Los “Tizayucos” están asentados en ese municipio hidalguense, además de Tecámac y Ecatepec, en Estado de México. Existen reportes desde 2019 sobre agresiones y amenazas que ejercen a empresas gaseras para hacerse del control de la distribución hacia la capital mexicana.

Jairo García, señalado en los informes como “El Jairo”, es uno de los líderes del grupo que ejerce la violencia para dominar a las empresas de gas, además de operar para robar el combustible. 

Los Mojarras” es otro grupo relacionado con el primero y ubicado en esas inmediaciones y otros municipios que rodean la ciudad. Su líder es Eliseo Gutiérrez, quien junto con sus hermanos Alberto, Francisco y Raúl manejan plantas donde almacenan gas sin los permisos correspondientes, y desde donde llevan el combustible hacia el Ajusco, las Lomas y otras zonas del poniente capitalino.

Los paros, la violencia y las amenazas por parte de comisionistas y distribuidores de gas LP podrían apenas ser una punta del monstruo que opera desde hace tiempo en uno de los sectores más importantes para la economía local.

Una vez más en el centro del país se asoma, en otro nuevo giro, la mano del crimen organizado que viene a contradecir de nuevo el discurso presidencial que asegura que en México no mandan los delincuentes

Twitter: @Sandra_Romandia

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