El “Maximato” de Florencia Serranía

Sandra Romandía

Se mantendrá como asesora y muy cerca de toda la operación del Metro. Tendrá injerencia en el manejo de 51 mil millones de pesos destinados a cuatro proyectos

El miércoles previo al anuncio de Claudia Sheinbaum sobre la salida de Florencia Serranía de la dirección del Sistema de Transporte Colectivo Metro, la entonces directora fue en persona a las oficinas de la jefa de Gobierno de la Ciudad de México. Le puso sobre el escritorio su renuncia y platicaron de manera tersa qué pasaría con el monstruo sobre rieles.

Un día después, ambas se reunieron con Guillermo Calderón, quien fue nombrado su sucesor por su experiencia en movilidad eléctrica y en el Metrobús, aunque nunca ha trabajado con sistemas de trenes.

El reto del nuevo responsable es titánico: el sistema se encuentra colapsado desde hace años porque coincidió su rezago presupuestal con la caducidad de trenes, rieles, y sistemas de control, que en su mayoría fueron estrenados hace cinco décadas y nunca reemplazados.

Además, al Metro lo mueve realmente una mafia sindical que mantiene el control sobre más de 12 mil empleados que aspiran mantener sus plazas o tener una mejor, por lo que le profesan un temor exacerbado a su dirigente Fernando Espino.

Fuentes al interior del sistema aseguran que en algunos actos públicos sabotearon el funcionamiento de máquinas para presionar a directivos con peticiones de más presupuesto bajo su control.

Florencia Serranía sabía que se iría pronto, incluso antes del colapso de la Línea 12 que dejó 26 muertos el pasado 3 de mayo. El Metro es como “la rifa del tigre” de la administración pública en la Ciudad de México: pide a gritos renovación y presupuesto sin recibirlo, carga con la responsabilidad de mantener la vida de 5 millones de personas que lo utilizan diariamente, cuenta con la mafia oscura que lo controla en gran parte, y mediáticamente es una “bomba” cuando hay un incidente o accidente por la simple razón de que el Metro toca de alguna manera la vida de todos los que habitamos esta ciudad.

Pero aun sabiendo que se iría, o ya con su salida como una realidad, Serranía no estará lejana a su administración y la toma de decisiones, como no lo ha estado desde que fue directiva en época de Andrés Manuel López Obrador y durante la campaña de Sheinbaum, a quien le ayudó a trazar todos los planes de movilidad.

De hecho, ella no quería ser directora del Metro, pero Claudia le insistió. Ambas se sienten identificadas por los temas académicos, las relaciones con sus pares en otros países, y profesan una amistad que las ha mantenido unidas. Sin olvidar que Serranía también es “apapachada” por el presidente Andrés Manuel López Obrador.

“Cualquier poder, sino se basa en la unión, es débil”, escribió Jean La Fontaine, y volviendo a la dupla Serranía-Sheinbaum, la realidad es que la primera se mantendrá como asesora y muy cerca de toda la operación del Metro. A pesar de la tragedia de mayo, del incendio en enero pasado que dejó un muerto en las oficinas de Buen Tono, y los demás accidentes peligrosos registrados en su administración, Florencia tendrá injerencia en el manejo de 51 mil millones de pesos destinados a cuatro proyectos que están en camino. Y seguirá de cerca en las decisiones. En realidad, su salida fue porque era casi insostenible mantenerla dentro después de lo ocurrido y las campañas del sindicato para su salida.

Es decir, se fue, pero no se fue; y una de las advertencias que recibió Guillermo Calderón para tomar su cargo fue que la exfuncionaria mantendría su influencia. Quizás su verdadera dirección, más allá de ser “solo la directora del Metro”, apenas empiece. 

Twitter: @Sandra_Romandia

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