El despertar parisino de Ebrard

Sandra Romandía

De volver a declinar por alguien más, como ya lo ha hecho en el pasado, un siguiente intento tomaría a Marcelo Ebrard con 70 años de edad, panorama muy difícil para un político en México

Al celular de Marcelo Ebrard empezaron a llegar los mensajes en plena madrugada. Entraron poco después de las 4 de la mañana, en París, Francia, donde él estaba, mientras que en México se hablaba del destape como candidata a la Presidencia para 2024 de Claudia Sheinbaum, jefa de Gobierno de la Ciudad de México, quien acababa de ser aplaudida y llamada “presidenta” esa tarde en el Auditorio Nacional, en el evento de los tres años del triunfo de Morena.

El desfase de horarios no le permitió reaccionar de inmediato y al día siguiente no habló mucho del hecho. Platicó con una de sus colaboradoras de esos tiempos en los que él participaba en los eventos en el mismo recinto por las causas del partido, quizás en un intento por restar importancia a lo sucedido.

Pero el lunes siguiente, tras su regreso al país, el secretario de Relaciones Exteriores habló con su equipo más cercano: “El presidente Andrés Manuel López Obrador ve bien que también estemos en la lista, nosotros seguimos adelante con los planes por la candidatura para 2024”, les dijo, en un mensaje con la intención de mantener la calma y la cohesión.

En cuestión de días se armó una comida en una hacienda de la zona de La Marquesa, en Estado de México, organizada supuestamente por su esposa Rosalinda Bueso y con más de 100 invitados allegados a su proyecto político. Aunque algunos de sus cercanos aseguran oficialmente que fue un evento previsto semanas atrás, otros coinciden en que fue un acto exprés para responder a lo que ocurrió en el Auditorio Nacional y dar ahí el mensaje de que participará para ser candidato de Morena y agradecer al Presidente tenerlo en consideración. Una reunión en la que quitaron celulares, pero después se filtró la información a los medios de comunicación. Un evento que supuestamente no tenía intenciones de ser público, pero que dio pie a una pregunta en la Mañanera sobre las aspiraciones del canciller.

“Por supuesto que cuando se den las normas y lleguen los tiempos, cuando eso llegue, estemos preparados para participar”, contestó en la conferencia matutina de López Obrador, teniendo a éste en el flanco derecho. 

Saliendo de ahí habló con sus colaboradores de confianza dentro del auto, en un traslado a otra cita. Les dijo que no se esperaba la pregunta y que contestó lo que debía decir; que no se distrajeran de atender los temas de Relaciones Exteriores, pero que era importante que se hicieran públicas sus aspiraciones.

En la política las palabras son ambivalentes y los danzantes no bailan sin ver al lado mientras abrazan a su pareja.

Marcelo Ebrard tiene años trabajando en una estructura operativa a lo largo y ancho del país —quisiéramos pensar que no a costa del erario— que le rinde cuentas de forma periódica. Algunos de sus operadores, con los que he podido hablar, refieren que no hay estado sin representante del canciller realizando labores enlace y sumando liderazgos con miras al 2024, en lo que llaman Movimiento Progresista.

A diferencia de Claudia Sheinbaum, que empieza recién a tener reuniones con gobernadores en funciones y electos con el fin de tejer alianzas disfrazadas de intercambio de experiencias en la gestión gubernamental, Ebrard ha mantenido un programa casi secreto de captación de simpatizantes desde al menos hace tres años.

Confía, según dicen sus cercanos, que este aparato le garantice la candidatura presidencial para 2024 en Morena o incluso en otro partido, porque “es su última oportunidad”, ha dicho. De volver a declinar por alguien más, como ya lo ha hecho en el pasado, un siguiente intento lo tomaría con 70 años de edad, panorama muy difícil para un político en México.

El canciller redobló el paso después del destape de Sheinbaum y teje además escenarios paralelos en caso de que no sea el abanderado de Morena, con acercamientos por una parte con el Partido Verde Ecologista de México, y por otra con líderes empresariales que podrían arroparlo en otra estructura.

Todo arte de la guerra se basa en el engaño, escribió Sun Tzu. Desde todos los frentes.

Lo que esperaríamos como mexicanos es que mientras el calendario toma su forma, los funcionarios que nos representan hagan su trabajo de manera eficiente, no utilicen los recursos para sus proyectos políticos y no trastoquen las decisiones desde el poder gubernamental en pro de sus aspiraciones y en contra del bien común.  
 

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