La movilidad social se fortalece cuando las instituciones dejan de actuar como barreras para transformarse en trampolines, permitiendo a la educación recuperar su función como espacio de cuidado y construcción comunitaria.

Convicción vigente y presente en el cuarto informe del Rector de la Universidad Iberoamericana, Luis Arriaga Valenzuela S.J., un ejercicio revelador de posición ética ante los riesgos, la fragilidad emocional y el sentido de comunidad.

Escucharlo es volver a una idea esencial: la educación no puede limitarse a transmitir conocimientos; debe cuidar, vincular y ofrecer refugio. Lo digo también desde un lugar personal. La Ibero es mi casa. Hace 28 años cursé mi maestría y aprendí algo que sigue orientando mi mirada pública, el sentido profundo de comunidad.

Cuando Arriaga sostiene que la escuela debe proteger a quienes la habitan, especialmente en contextos de vulnerabilidad social y emocional, propone una responsabilidad institucional.

De ahí la guía del pasaje del profeta Miqueas —practicar la justicia, amar la misericordia y caminar con humildad— y una ruta clara: la educación superior como puente en una época donde abundan los muros.

Esa reflexión conecta de manera directa con el debate público más amplio sobre movilidad social. Romper con la idea del origen que determina el destino requiere paz pública, instituciones confiables y un sistema educativo capaz de ofrecer certezas.

En la capital del país, este engranaje empieza a mostrar un rumbo más claro. La reducción de 12 por ciento en los delitos de alto impacto durante el último año es resultado de una política delineada por la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, con un principio central: el miedo es uno de los principales obstáculos para estudiar, emprender y construir comunidad, especialmente en los territorios históricamente excluidos.

Cuando el entorno se vuelve más predecible, los hogares dejan de destinar capital a protegerse y pueden empezar a invertirlo en su futuro. La teoría de la eficacia colectiva, desarrollada por Robert Sampson, lo explica con claridad: los entornos seguros fortalecen los lazos sociales y permiten que instituciones como la familia y la escuela cumplan su función de generar capital humano. La seguridad, así entendida, no es solo orden, sino oportunidad.

Pero ninguna reducción del delito será suficiente si no se articula con una visión educativa que ponga a las personas en el centro. El mensaje del Rector de la Ibero apunta justo ahí. Sin comunidad, sin cuidado y sin valores compartidos, la movilidad social se vuelve frágil y reversible.

@guerrerochipres

Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

Comentarios