Al rediseñar de fondo la relación entre medios de comunicación y poder público, el cambio de régimen acreditó uno de sus elementos esenciales: modificó la disposición convencional del vínculo, esto es, cambió la estructura de poder previa al 2018.

Después del 2024 muchos reorientaron ímpetus, equilibraron perspectivas, esquemas de negocio, diversidad editorial. Repensaron su conflictiva relación, como la entendían, con el expresidente Andrés Manuel López Obrador. La transición sigue.

Esta semana, cuando la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, sugirió reflexionar sobre el impacto de la nota roja en la percepción de seguridad, la respuesta fue señalar un supuesto llamado a un "pacto de silencio".

Curioso y revelador resulta el sesgo de tal valoración. Hace poco más de una década, una propuesta más agresiva y formal, esa sí, de (auto) control informativo fue celebrada por algunos ahora inquietos sedicentes.

Marzo de 2011. El escenario fue el Museo Nacional de Antropología. A convocatoria del entonces presidente Felipe Calderón, 715 medios de comunicación firmaron el "Acuerdo para la Cobertura Informativa de la Violencia". El documento no era una sugerencia ética, sino un decálogo explícito a no servir de "voceros involuntarios" del crimen organizado, omitir terminología de los cárteles e imágenes cruentas. La administración de la verdad en nombre del "bien común" se consideró un acto de responsabilidad civil.

La percepción de seguridad es un fenómeno complejo que la criminología ambiental y autores como George Gerbner han diseccionado a través de la "Teoría del Cultivo", la cual argumenta que el consumo masivo de contenidos violentos en televisión genera el "Síndrome del Mundo Cruel", una distorsión donde el ciudadano percibe su entorno como más peligroso de lo revelado por las estadísticas criminales o por su propia experiencia.

Mientras la incidencia delictiva de alto impacto ha mostrado una tendencia a la baja en los últimos años —56 por ciento respecto a 2019 y 12 por ciento en comparación con 2024— y los reportes al C5 a través de la línea 9-1-1 reflejan una disminución en la emergencia real, la sensación de inseguridad subió dos puntos porcentuales en un año.

Hay muchas explicaciones. No se agotarán aquí. Un video de un asalto viralizado y repetido en bucle durante 24 horas tiene más peso cognitivo que la disminución en los homicidios o detenciones de objetivos prioritarios.

Brugada enfatiza lo evidente por la propia existencia de la crítica. No hay ni pacto de silencio ni censura. Aquel acuerdo de 2011 ocurrió en el pico de una guerra contra el narco, donde el gobierno necesitaba controlar el daño de imagen. Ahora, en un contexto de consolidación de una estrategia de seguridad en lo general exitosa se ha logrado reducir en 49 por ciento los homicidios en la capital en seis años.

Ayuda emparejar el cristal con que se mira.

@guerrerochipres

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