Comparar la incidencia delictiva ayuda a identificar lo abandonado, omitido, ignorado. Respecto de víctimas y victimarios o en relación con las policías y organismos de procuración de justicia. Puede contribuir a acreditar méritos de actores institucionales y ciudadanos respecto de las buenas prácticas.

El politólogo italiano Giovani Sartori, y muchos antes y después de él ciertamente, resaltaba la eficacia de la teoría de los modelos comparados al facilitar un mejor entendimiento de las causas y mecanismos subyacentes a las variaciones observadas en diferentes contextos.

En seguridad no hay un modelo único aplicable a toda una nación. La Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito recomienda estrategias regionalizadas con una base de modelo general. La realidad lo confirma.

Los problemas de inseguridad no son los mismos para Guanajuato o Jalisco, la Ciudad de México o el Estado de México, aun con la vecindad geográfica. Sin embargo, hay delitos de atención común posibilitadores de comparaciones.

Los datos zanjan las diferencias. Esta semana, el gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro, cuestionó un supuesto uso político de la agenda de seguridad al presentar a su entidad como de mayor riesgo en contraste con la capital nacional.

De acuerdo con las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública —órgano que desde 2015 realiza mediciones sistemáticas de los delitos con base en la información proporcionada por cada Fiscalía estatal—, la tierra del tequila, el mariachi y de algunos cárteles de presencia internacional, es más insegura.

El año pasado, el estado gobernado por Alfaro registró 27 mil 252 carpetas de investigación por delitos de alto impacto por 27 mil 207 de la entidad administrada por Martí Batres. En tasa por cada 100 mil habitantes son 315 por 303 respectivamente. La distancia podría parecer mínima.

Así como no se pueden regatear los avances en seguridad —ambas disminuyeron en 51 por ciento la incidencia delictiva entre 2019 y 2023— tampoco se puede negar la mejor posición de una sobre otra en delitos carentes de cifra negra, como el homicidio doloso y el robo de vehículo con y sin violencia.

El año pasado, en la entidad emecista se registraron mil 441 asesinatos, casi el doble de los 778 de la capital nacional. En el robo de vehículo con violencia fueron 4 mil 099 por mil 545, y en los casos sin violencia 7 mil 535 por 4 mil 609.

Desde 2019, con la política de seguridad iniciada por Claudia Sheinbaum, la tendencia a la baja en los delitos ha sido constante. Una estrategia de probada eficacia, cuyos aspectos centrales podrían ser la base de un modelo nacional.

Los datos marcan la diferencia. ¡Ay, Jalisco!

@guerrerochipres

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