¿Y si en vez de al Tren Maya, le hubieran invertido al tren naranja?

Salvador García Soto

El daño que ese accidente causará a la 4T aún es incuantificable

La tragedia del Metro de la Ciudad de México, con su cuenta letal que subió a 25 muertos, representa la mayor crisis política y social que haya enfrentado el presidente Andrés Manuel López Obrador y su 4T. Una crisis que ya reconocen en su dimensión dentro del propio gobierno y que, si no es bien manejada, podría generar un voto de castigo para el partido Morena en los próximos comicios capitalinos y nacionales. “Esta es sin duda la crisis más grave que hayamos enfrentado; nos impacta directamente al centro político y electoral y si no hay una respuesta adecuada, sus efectos pueden ser devastadores y podríamos sufrir una reacción adversa en las urnas”, nos dijo ayer uno de los políticos más encumbrados de la llamada Cuarta Transformación.

Porque la trabe que se colapsó y provocó la caída de trenes en el accidente más grave en 52 años de historia del sistema de transporte, golpea por todos lados al gobierno lopezobradorista: primero porque ocurre justo en el corazón y principal bastión político del lopezobradorismo que es la Ciudad de México; segundo porque ocurre en una de las zonas más populares y pobres de la capital; tercero porque afecta, con muertes, heridos, dolor y angustia a la población más vulnerable que utiliza el Metro y que son la base más importante de votantes y seguidores del Presidente. Y cuarto porque esa trabe colapsada también cayó sobre los dos aspirantes más importantes a la sucesión de 2024 y los dos más cercanos a López Obrador: Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard, además de alcanzar también al dirigente nacional del partido Morena, Mario Delgado, por su papel como financiero de la Línea 12 cuando trabajó en el gobierno capitalino con Ebrard.

El daño que ese accidente puede causar a la 4T aún es incuantificable; depende mucho de la rapidez y efectividad con que actúe el gobierno de la CDMX, al que el Presidente le cedió todo el manejo de la crisis bajo la consigna de que confía y respalda ciegamente en lo que haga la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum. De entrada, uno de los efectos colaterales del derrumbe mortal es que también exhibe al proyecto lopezobradorista y sus prioridades en materia de infraestructura: porque en vez de invertir en un proyecto urgente de revisión, reparación, mantenimiento y modernización de la infraestructura del sistema de trenes naranja que mueve a más de 5 millones de trabajadores diariamente, el Presidente prefiere gastar 156 mil millones de pesos en un Tren Maya que cuestionado por especialistas y comunidades, tanto en su impacto ambiental al dañar selvas como en los beneficios reales que traerá al turismo y transporte en los 5 estados que atraviesa. Uno beneficiará solamente a turistas y ocasionalmente lo utilizarán como medio de transporte algunas comunidades del sureste; el otro mueve a la clase trabajadora, a los estudiantes a las amas de casa de bajos recursos, a ese pueblo que tanto dice defender y representar la 4T.

El otro tema que desnuda y exhibe la trabe colapsada es si la “austeridad republicana” del Presidente ha sido bien entendida y aplicada, o si en nombre del “ahorro de recursos y presupuesto” que tanto pregona y presume el Presidente, no terminaron cometiéndose excesos y se tomaron decisiones equivocadas que están costando demasiado a los mexicanos, incluidas vidas humanas en casos como el de niños con cáncer que no tienen medicamentos ni tratamientos en hospitales públicos, como en recorte a programas de mantenimiento al transporte masivo más utilizado en el país, que en menos de 1 año ha vivido incendios, choques de trenes, inundaciones y ahora derrumbes de puentes y caída de trenes con pasajeros.

Porque además no hay manera de que López Obrador culpe al “neoliberalismo y sus excesos” de lo que sucedió en la Línea 12 del Metro. Él y su grupo político llevan ya casi 30 años gobernando la Ciudad de México y han sido los responsables directos no sólo de la construcción y operación de esa línea colapsada, que desde su origen recibió cuestionamientos, investigaciones y auditorías por señalamientos de corrupción, errores y deficiencias en su diseño y en los materiales y tipos de trenes comprados para operarla, sino de la operación y mantenimiento de todo el Sistema de Transporte Colectivo, el más grande que existe en el país, que heredaron directamente de los gobiernos priistas.

Todo lo que se ha hecho o se ha dejado de hacer en las 12 líneas del Metro pasa por los gobernantes y personajes de ese grupo que nació en el PRD y ahora se aglutina en Morena: desde Cuauhtémoc Cárdenas, Rosario Robles, Alejandro Encinas, Marcelo Ebrard y por supuesto López Obrador.

Tal vez eso explique la irritabilidad y la casi nula sensibilidad con que el Presidente ha enfrentado esta tragedia en la que, mientras familias, madres y abuelas buscaban a sus hijos, hermanos y familiares accidentados entre hospitales, agencias del MP y depósitos de cadáveres, sin recibir información ni un trato digno de las autoridades capitalinas, el Presidente hablaba durante casi dos horas de “estampillas conmemorativas” y de otros asuntos intrascendentes que además eran escuchados con atención, desde sus sillas, por el mismo canciller Marcelo Ebrard, a quien apuntaban responsabilidades y por la misma Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, que permanecía esas dos horas sentada en Palacio escuchando las largas y lentas alocuciones del Presidente mientras la ciudad capital vivía una de sus crisis más duras y dolorosas.

López Obrador no ha reaccionado bien ante la que puede ser una de las crisis más fuertes y costosas para su gobierno y su proyecto político. Se ha visto más ocupado en descalificar a la prensa nacional y extranjera y en gruñirle a sus críticos con frases lapidarias como mezquinos y tiempo de canallas”, que en mostrarse sensible y cercano al dolor de las víctimas y sus familias. Toda proporción guardada, el 11 de marzo de 2004 estalló un tren en la estación de Atocha, en Madrid, provocando la muerte de 191 personas y 1,700 heridos. La explosión, producto de un atentado terrorista, ocurrió tres días antes de las elecciones de aquel año en España y los errores y tumbos del presidente José María Aznar al reaccionar ante la tragedia, primero culpando a ETA y luego desdiciéndose, le costaron una tremenda derrota al Partido Popular en aquellos comicios. Hoy, el accidente trágico del Metro de la CDMX, por causas que tienen más que ver con errores de construcción, corrupción en la compra de materiales y descuidos en la revisión y falta de mantenimiento, sucede a un mes exacto de las mayores votaciones en la historia de México, donde hay mucho en juego para López Obrador y su proyecto político, y sus efectos aún son imprevisibles, sobre todo por la forma soberbia y egocéntrica en que está actuando el Presidente.

NOTAS INDISCRETAS…

Sin dejarse ver en público, el gobernador Francisco García Cabeza de Vaca apareció ayer en un video que difundió en sus redes sociales, donde dijo haber participado en una reunión virtual sobre el tema de seguridad con funcionarios estatales y federales. En la foto que publicó en su cuenta de Twitter, el mandatario desaforado por la Cámara de Diputados y acusado por la FGR, dijo estar en la Casa Tamaulipas, la residencia oficial donde vive y despacha el gobernador de ese estado, sin embargo, lo único que mostró fue una foto de la computadora en donde se veía él de espaldas a una puerta de vidrio y con dos banderas, una de Tamaulipas y otra de México, flanqueándolo a los lados. Sin dudar de la palabra del gobernador, de que está metido en la Casa Tamaulipas en Ciudad Victoria, la pregunta sigue siendo ¿por qué no se deja ver en público? ¿acaso tiene miedo que lo detengan?... Por cierto que en el debate constitucional que se abrió con este desafuero, ayer el exministro de la Corte, José Ramón Cossío, publicó un artículo de opinión en estas mismas páginas en el que el jurista decía que “conforme a la Constitución el Ejecutivo de Tamaulipas está en funciones y goza de inmunidad procesal en el propio cargo” y le daba la razón al Congreso de Tamaulipas que sostiene que el artículo 111 de la Constitución le otorga la facultad de decidir si el desafuero aprobado por la Cámara de Diputados federal es “homologado” por el congreso local… Mire cómo son las campañas electorales y cómo son nuestros políticos y candidatos. Dos hechos escandalosos protagonizados por dos candidatos en esta elección, David Monreal, de Morena, y Alfredo Adame, de Redes Sociales Progresistas, ahora son utilizados por esos mismos personajes como algo “chistoso” en sus campañas con lo que buscan ganar simpatías. En el caso de Monreal, candidato a gobernador de Zacatecas, que fue grabado tocándole el trasero a la candidata de su partido, Rocío Pino, y que después negó que haya ocurrido el tocamiento que quedó claramente grabado en video, ahora utiliza este tema de acoso y violencia sexual contra las mujeres como algo divertido. Cuando David aparece en sus actos de campaña, no faltan mujeres y hasta hombres que le gritan: “¡¡David, tócame!!”, ante lo cual el morenista se ríe y bromea, como si lo que hizo con su compañera de partido hubiera sido una gracejada. El caso de Adame es peor, porque después de que fue grabado en un video mientras le mienta la madre a un ciudadano que le grita desde su auto mientras hacía campaña en la Ciudad de México, ahora el actor metido a la política ha hecho del “Chinga tu madre” no sólo su lema de campaña, sino que lo repite en sus actos proselitistas y hasta graba mentadas en mensajes y videos que le regala a sus simpatizantes. Así el triste nivel de nuestros políticos que hacen de la vulgaridad y la violencia contra las mujeres un chiste de campaña… Los dados mandan Serpiente. Descendemos.

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